18 de abril de 2022, 4:00 AM
18 de abril de 2022, 4:00 AM

De mal en peor. Así está el tráfico vehicular en Santa Cruz de la Sierra. La patética situación de transitabilidad en la ciudad de los anillos empeora día a día, ante la falta de autoridad, de proyectos concretos, a lo que se suma la falta de educación vial de quienes componen este cuadro desesperante.
No son pocos los dolores de cabeza que cualquier urbe del mundo tiene a la hora de planificar las soluciones para los grandes problemas.

En la capital oriental se conjugan todos los problemas que se vuelven nudos de hamaca de los que, mientras más se jala, más tensos e imposibles son de solucionar.

El incremento de la demanda del transporte público y del tránsito por sus calles, avenidas y anillos han provocado mayor congestionamiento, problemas
ambientales, contaminación, insufribles demoras y accidentes de todo tipo.

Llama la atención que este crónico y estructural problema no tenga un plan efectivo, sistemático y consecuente de parte de las autoridades que puedan efectivizar y llevarlo a cabo por etapas, con el fin de terminar con este mal que empeora la calidad de vida de todos los habitantes de esta ciudad.
¿A quién le conviene tanto caos? ¿A un sector de la economía, a una casta política, a una persona, a una empresa? Consideramos que este es un mal endémico que nos perjudica a todos. Por supuesto que algún beneficio traerá a quienes dicen querer cambiar para que nada cambie. Pero a la mayoría de los ciudadanos le hace la vida más cara y difícil.

Se evidencia, una falta de actitud y sobre todo de voluntad política para arremangarse y comenzar a solucionarlo. 

Se han invertido en operativos, en campañas y ha sido objeto de las promesas de todos los candidatos a alcaldes, pero pareciera ser un truco que cada día sale
peor y no hay quien se trague más el cuento, mientras este monstruo de siete cabezas nos sigue devorando vivos.

Hoy Santa Cruz de la Sierra es una ciudad congestionada, trabada y obstruida. No circula porque todos lo quieren hacer por el mismo espacio a toda hora y sin respetar normas ni personas. Da lo mismo usar el carril de la izquierda que el de la derecha, es igual pasar un semáforo en luz verde que en rojo o amarillo, no hay consideración para parquear a la izquierda o a la derecha y ante la duda en doble fila. Los carteles de tránsito están tan de adorno como las cámaras de seguridad o vigilancia que hacen la vista gorda a quienes giran en
casi todas las rotondas hacia la izquierda a pesar de lo prohibido. Las cebras peatonales y la señalización horizontal de las avenidas parecen invisibles. Y por si esto fuera poco, la nueva modalidad de conducir con el celular en la mano mientras se chatea y se utilizan las redes sociales, transformando las calles en vías de alta peligrosidad y fatal incertidumbre.

El cúmulo de mentiras se transforma en el caos que a diario nos toca padecer. La capacidad vial se ve atosigada en horarios pico, así como en ciertas zonas de esta capital, como por ejemplo el centro histórico, sitio de deseo debido al escaso acceso de quien lo intenta alguna vez.

Ni Tránsito, ni la Alcaldía saben cómo hacerlo, pero tampoco se ponen de acuerdo para al menos disimular que están tratando.

No pocas capitales del mundo han pasado por los mismo, en este y otros continentes, pero han superado esta crisis con trabajo, voluntad y firmeza. Lo
malo es no intentarlo, lo peor es seguir prometiendo sin hacerlo, de lo contrario vamos a seguir de mal en peor.


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