Opinión

El orden de la ciudad debe prevalecer

18 de diciembre de 2019, 3:00 AM
18 de diciembre de 2019, 3:00 AM


Ya van más de dos años en los que el Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra intenta ordenar la ciudad, especialmente en lo que se refiere a mercados y transporte público. Dos años en los que el cáncer del caos que imponen los miembros de estos sectores no logra eliminarse y sigue afectando a la ciudadanía. El municipio no debe ceder ni un solo milímetro frente a los dirigentes que pretenden imponer sus intereses sobre los de la vecindad cruceña.

2018 comenzó con el compromiso de reordenar los mercados. El municipio construyó infraestructuras amplias y con capacidad de albergar a los comerciantes ambulantes; sin embargo, en estos días de fiebre por las compras de Navidad, se ha visto cómo se van llenando de vendedores los espacios que habían sido recuperados. En Los Pozos, en La Ramada, en el viejo Abasto y ni qué decir en la feria de Barrio Lindo. No hay control capaz de poner orden y los comerciantes, como si fueran dueños de la vía pública, pretenden que se los deje y se los respete, sin asumir que son invasores de la ciudad.

Lo mismo ocurre con los transportistas. Ellos no quieren reordenamiento de ninguna manera.

Quieren mantener el desbarajuste actual, el uso arbitrario de vías, el negocio a costa de la explotación de los choferes. ¿Qué propuesta alternativa presentaron? Pretenden impugnar la Ley Municipal de Movilidad Urbana para que nada cambie. Su última protesta tiene que ver con la decisión de reducir el número de líneas que ingresan al centro cruceño, de 115 a 65.

 ¡Estamos hablando de 2.086 micros por hora dentro del primer anillo! Este absurdo genera caos en el tráfico, demoras en los traslados y, peor aún, fomenta la falta de disciplina vial, porque esos vehículos paran donde les parece, disminuyen o aumentan la velocidad según su convivencia. Esto no puede ser posible en una capital que se precia de ser la más grande y pujante del país.

Este proceso de reordenamiento ya le está costando millones de dólares a Santa Cruz de la Sierra y ese dinero, que es de todos, no puede ser utilizado sin dejar un beneficio sustancial. A ello se suma el sacrificio del vecino, tanto en lo que se refiere a habituarse a los nuevos centros de abastecimiento como a los desvíos y malestares causados por las obras para el funcionamiento de los Buses de Transporte Rápido.

Es importante tener un Gobierno Municipal que sea capaz de dialogar para implementar cambios en la dinámica de la ciudad, pero el diálogo no puede convertirse en concesión de acciones para favorecer a los sectores corporativos que tienen como rehenes a los cruceños. No puede ser que los transportistas amenacen con bloquear calles y avenidas porque no están de acuerdo con las transformaciones ni que los gremialistas ambulantes tomen posesión de las calles imponiendo un mercado en toda esta capital.

Lo dijimos muchas veces, los cruceños eligen a sus autoridades y les dan poder para gobernar. Eso es lo menos que se espera del municipio, amén de otras iniciativas que deberían convertir a Santa Cruz en una urbe inteligente y moderna. Es preciso que ese rol sea entendido también por la Policía y el Ministerio Público, con el objetivo de impedir que sectores interesados obstruyan la libre circulación o pretendan que el caos reine en las calles. Muchas acciones no pudieron concretarse porque carecieron del apoyo de la fuerza pública.

En todo caso, la lucha por reordenar la ciudad debe ser una cruzada en la que participen todas las instituciones y en la que el vecino también tenga un rol central, demostrando el orden en sus propias conductas y relacionamientos.



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