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El padre de todos los propósitos

Alejandro Arana 15/1/2021 05:00

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Como ocurre cada vez que un año termina, muchos se plantean nuevos propósitos que lograr en la etapa que recién comienza. Aunque hay nobles tareas a las que embarcarse, la mayoría de estas no pasan de ser planes o proyectos circunscritos solo al ámbito personal, familiar, académico o profesional. No obstante, cuando lo frágil y fugaz de la vida se han hecho más evidentes que nunca, resulta esencial plantearnos cuál es nuestro propósito en la vida, el que no consiste solo en simples metas u objetivos, sino en aquello que le da sentido a esta. Como lo dijera el escritor y sicólogo ruso Fiódor Dostoyevski: “El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive.”

Lo anterior es especialmente importante en un mundo lleno de historias de personas exitosas, que a pesar de haber alcanzado todo lo que alguna vez soñaron, siguen sin saber para qué están aquí y tienen un vacío que pareciera que nada ni nadie puede llenar. Efectivamente, ese vacío es real y los millones de dólares gastados anualmente en sicoterapias, libros de autoayuda y de superación personal lo confirman. Sin embargo, hay una respuesta, ya que como el famoso matemático y físico francés Blaise Pascal dijo alguna vez: “En el corazón de cada hombre hay un vacío que solo puede ser llenado por Dios”.

Está ampliamente documentado en la literatura moderna el rol fundamental que una sana y estrecha relación con el padre tiene para el correcto desarrollo emocional e intelectual de los niños. El Dr. Alfonso Correa, jefe de la Unidad de Psiquiatría Infantil de Clínica Alemana de Santiago de Chile, afirma que “el papá es quien enriquece la forma en que el niño o niña se relacionará con el resto en el futuro, y otorga los modelos para ir generando su propia identidad”. 

De acuerdo con el sociólogo norteamericano Dr. David Popenoe, “los padres comprometidos traen múltiples beneficios a los niños que ninguna otra persona es capaz de aportar”. Su influencia es tan poderosa que estudios del National Center for Fathering demuestran que los niños que cuentan con la presencia activa del padre tienen, en general, mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor autocontrol; tienen la autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía; y cuando se casan tienen matrimonios más estables.

Si el conocer y compartir con nuestro padre terrenal tiene tantos beneficios, imaginemos los grandes privilegios asociados al conocer y tener una íntima relación con nuestro Padre Celestial. Una de las primeras cosas que ocurren cuando nos acercamos a Él es que descubrimos nuestro principal propósito como seres humanos puesto que, según Su Palabra, “somos siervos escogidos, para que lo conozcamos y creamos en Él”; y no solo escogidos para creer, sino que además agrega: “Yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto”. Pero lo más maravilloso es que, y aunque parezca increíble, Dios también tiene un propósito individual para cada uno de nosotros “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” Pero ¿cómo descubrir cuáles son esos planes para nuestra vida? La mejor herramienta a nuestra disposición es la oración, ya que Él mismo nos dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

En un tiempo en el que la civilización parece estar librando la madre de todas las batallas, busquemos descubrir al Padre de todos los Propósitos.

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