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17 de enero de 2024, 3:00 AM
17 de enero de 2024, 3:00 AM

El general Juan José Zúñiga Macías fue ratificado como comandante del Ejército. Se trata de uno de los jefes militares más cercanos al presidente Luis Arce y goza de cierta popularidad entre las organizaciones sociales afines al Gobierno, especialmente en el municipio potosino de Uncía, de donde es oriundo. Allí se le conoce como el “general del pueblo”.​

Zúñiga también cobró notoriedad por sus encendidos discursos en los que recurrentemente alude a la pelea que debe librar “el militar de honor” contra el “enemigo interno” y a los “antipatria”, en suma, las oposiciones que enfrenta el gobierno de Arce. De hecho, ya fue cuestionado varias veces por orientar sus palabras hacia la disputa política y no, con ese énfasis, a la misión constitucional de las Fuerzas Armadas, como es -por ejemplo- el resguardo de las fronteras ante las amenazas del narcotráfico, el contrabando y el crimen organizado internacional.

En una ocasión, el general llegó a pedir a las oposiciones que “no pierdan su tiempo golpeando las puertas de los cuarteles en busca de kalimanes”. Se refería así al general William Kaliman, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que sugirió la renuncia de Evo Morales a la presidencia, tras el informe de la OEA que detectó “manipulación dolosa” en la transmisión de datos electorales de las fallidas elecciones de 2019.

Kaliman, que también se había mostrado próximo a Evo Morales, no volvió a aparecer como muchos otros militares que se acercaron al poder político a lo largo de la compleja historia del país.

Para no ir tan lejos, cuando Morales llegó al poder, en enero de 2006, “jubiló” a varias promociones para nombrar un Alto Mando Militar de confianza. Tras cumplir su carrera, varios de estos jefes militares pasaron al servicio exterior o pasaron a ocupar cargos jerárquicos en el Estado. Los ejemplos sobran y aún hay rastros de estas transiciones en la administración de Luis Arce.

Ahora bien, es llamativo que Zúñiga sea llamado “general del pueblo”. Así también fue conocido René Barrientos y, mucho tiempo después, César López Saavedra, quien se acercó al poder en 2005, durante la campaña electoral que llevó a Morales a la presidencia. Entonces, organizó un foro en el que Evo puso contra la pared a sus adversarios políticos por ser el único aspirante presidencial que cumplió el servicio militar. Con el tiempo, López se desilusionó de Evo, pero antes fue presidente de la Aduana.

Ahora bien, Zúñiga es parte de este proceso. En los últimos 14 años logró ascensos en su carrera militar hasta llegar donde está hoy. No está bien ubicado en el escalafón, pero lideró operaciones de inteligencia. Ese es su mérito. Arce lo necesita en un tiempo en el que el poder político se está reconfigurando en medio de alertas contra la democracia.

Arce sabe que tiene en frente a un adversario con 14 años de acumulación política, económica y de contactos. Necesita un aparato estatal reforzado. Zúñiga, por su lado, no oculta aspiraciones políticas y está cómodo cerca del poder político.

Estos momentos, citados aquí a salto de mata, son parte de una realidad política compleja en la que las instituciones del Estado aparecen debilitadas. Solo basta mirar el papel que está desempeñando el Legislativo, donde los acuerdos están ausentes o mirar la cantidad de desafíos previstos para una temporada electoral, ciertamente extensa que puede durar algo más de dos años.

Los retos del país no se van a resolver solamente a través de la disputa de poder. Bolivia necesita paz con instituciones fuertes, incluidas las FFAA.

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