6 de marzo de 2022, 4:00 AM
6 de marzo de 2022, 4:00 AM


Se cumplió un paro cívico más. La medida, convocada por el Comité pro Santa Cruz, fue acatada a medias por un pueblo que sabe cómo protestar y que es capaz de sumar fuerzas cuando está firmemente convencido de las causas que las motivan. En este caso, tres razones impulsaron a convocar a la paralización total del departamento: el estado actual de la justicia, la persecución política y la realización del censo de población y vivienda. Sin duda, se trata de tres problemas que inquietan a la región y al país, pero lo que faltó fue una ruta, una estrategia que diga qué pasará después del paro. Ahora mismo, 48 horas después, nadie lo sabe.

Históricamente, y más aún después de los 21 días de 2019, el paro ha sido la mayor medida de presión de Santa Cruz. Siempre se llamó a acatarlo cuando ya todo había fracasado y siempre con un ‘para qué’; es decir, una razón o una meta que justifique el sacrificio. En este caso, solo hubo retórica y protestas verbales, pero no planteamientos referidos a cómo encarar la reforma judicial ni propuestas claras respecto a lo que la región espera del censo. Es evidente también que hay persecución judicial a los actores políticos que se oponen a este Gobierno, pero ¿cuál es el argumento que oriente hacia un horizonte a conseguir?

Convocar a un paro cívico a la primera es desgastar la medida, cuando esta debería ser el último recurso. El peligro es mermar la credibilidad, la convicción y, por tanto, la fuerza de una región que es bastión de la lucha por la democracia y los derechos de todos los bolivianos.

El país coincide en que la reforma judicial es imprescindible. El Gobierno quiere tener la batuta respecto a los cambios y hay un grupo de abogados notables (la mayoría en la sede de Gobierno) que ha lanzado propuestas y que sigue generando reflexiones al respecto. ¿Cuál es la participación de Santa Cruz? No hay que olvidar que es en esta región donde más se ha sufrido la manipulación política de la justicia y el más claro ejemplo es el ‘caso terrorismo’, que tuvo a varios cruceños sometidos a un sistema manipulado que ni siquiera tuvo pruebas para sostener un juicio por más de una década. Ya eso debería ser suficiente como para estar a la vanguardia con propuestas claras de transformación.

Ni qué decir si se habla del censo nacional de población y vivienda. ¿No es acaso el departamento cruceño el de mayor tasa de inmigración? ¿No es el que más padece por falta de salud, de servicios y de educación acorde a la población que tiene? En cambio, el Gobierno central se empeña en postergarlo, como ha sido siempre. Eso debería haber motivado a que el Comité Cívico convoque a sus profesionales para proponer una boleta censal acorde a las expectativas, entre otros factores que tienen que ver con el conteo de la población.

Es preciso comprender que el liderazgo no es solo hablar fuerte para protestar, sino fundamentalmente mirar hacia el futuro e idear un horizonte que haga que esta tierra y sus habitantes tengan un porvenir acorde a sus expectativas de bienestar.

El Gobierno del Movimiento Al Socialismo, antes y ahora, ha demostrado que no le interesa el bienestar cruceño que esté al margen de ese partido político y de los intereses de la cúpula que lo dirige; por eso, hoy como ayer, Santa Cruz tiene que luchar por su propio bienestar y acabar con los estereotipos inventados desde el centralismo. Si a los cruceños les va bien, sin duda le irá bien a todo el país, pero para ello se necesitan líderes que miren más allá de la protesta, que sueñen el porvenir y que trabajen para hacerlo posible.

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