17 de mayo de 2023, 4:00 AM
17 de mayo de 2023, 4:00 AM

Tres incidentes en la última semana y al menos siete en el año en curso son los que han tenido las naves de Boliviana de Aviación (BoA), la línea aérea bandera de los bolivianos que puso en peligro a los pasajeros. La situación es de alta gravedad porque estamos hablando de la vida de personas que confían en una empresa estatal para transportarse de un punto a otro. El tema no sería tan preocupante si no hubiera una negación de parte de quien está llamado a dar garantías de funcionamiento, es decir el ministro de Obras Públicas y los ejecutivos de dicha compañía.

Los sucesos no han sido menores. En un caso, el avión no pudo despegar por fallas técnicas; en el otro, tuvo un aterrizaje tan fuerte que rompió una pieza fundamental del ala, además de generar pánico en los pasajeros, entre otros muchos que están registrados periodísticamente. No obstante, para el ministro, los problemas no están en la empresa y sus funcionarios, sino en factores externos: ingesta de aves en vuelo, viento de cola y hasta problemas en el pavimento de las pistas aéreas.

Los cada vez más frecuentes incidentes, si bien son el problema más grave, no constituyen la única complicación en la operación de esta empresa. Fue el mismo ministro quien detalló que el año 2022 hubo la reprogramación del 15% de los vuelos, 4 puntos por encima de lo que ocurrió en 2021. Estamos hablando de más de 5.500 viajes que afectaron a miles de pasajeros en una sola gestión.

El ministro de Obras Públicas dijo muy orondo que BoA no recibe recursos del Tesoro General de la Nación y que sus ingresos van en ascenso. Cómo no va a ser así si genera una competencia desleal con las otras compañías aéreas en el país.

Asimismo, a pesar de la suma de incidentes que registran los pasajeros, como única estrategia de defensa frente al peligro que se ha generado en varios vuelos, la empresa estatal de aviación no es vigilada con celo por parte de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) ni por la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones (ATT), que recién ahora indaga porque en un par de vuelos estuvieron un ministro y un viceministro, como si la vida de los bolivianos de a pie no valiera lo mismo que la de un funcionario gubernamental.

BoA debería ser vigilada con mucho celo por las autoridades correspondientes porque se trata de la línea aérea bandera del país, la que tiene mayor cantidad de vuelos y, por supuesto, mayor volumen de pasajeros transportados. En este momento hay un problema de confianza, porque una cosa es la que se dice en los discursos y otra muy diferente la que llega de las pistas aéreas cuando los vuelos están por despegar o por aterrizar. Los pasajeros recurren a sus dispositivos móviles para registrar los incidentes, pues de otra manera nadie se enteraría de éstos. La fiscalización es ineficiente, porque el Gobierno y el MAS tienen la operación y también la vigilancia; en otras palabras, el ratón que vigila el queso.

Más allá de los buenos resultados que se pretende exhibir, la realidad muestra que en este momento es muy inseguro volar en BoA; primero por la demora de los vuelos y, segundo, porque los episodios de peligro han ido en ascenso. Dios no quiera que la falta de reconocimiento del problema y, por tanto, la falta de acción frente al mismo, generen un accidente con fatales consecuencias.

No se entiende que se insista en la ineficiencia, cuando trabajar cumpliendo las leyes y someterse a las fiscalizaciones debería ser lo habitual. Eso, por supuesto, si interesa brindar un buen servicio y preservar la vida de los pasajeros.

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