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9 de abril de 2024, 4:00 AM
9 de abril de 2024, 4:00 AM

Bolivia es tradicionalmente un país con excedente agroalimentario gracias a nuestra extensa superficie con vocación agrícola y pecuaria en la mayoría de los cultivos esenciales de la canasta básica de alimentos, tales como soya, maíz, arroz, sorgo, girasol, caña de azúcar, verduras, legumbres, frutas, hortalizas y tubérculos, además de la producción de aves de corral, bovinos y sus derivados como lácteos y huevos. Solo en algunos granos básicos como el trigo tenemos déficit de producción y ocasionalmente en maíz.

Hasta la campaña agrícola 2022-23 la superficie total cultivada en Bolivia llega a las 4,15 millones de hectáreas, las que representan el 47% del total de superficie con vocación productiva agrícola (8,9 millones de hectáreas) según el Plan de Uso de Suelo (PLUS) elaborado y actualizado cada 10 años por el Gobierno Nacional y los Municipios del país. La extensión territorial de vocación para la cría pecuaria extensiva (bovina, camélida y caprina) abarca esencialmente los Departamentos de Noreste del país, Santa Cruz, Beni y Pando, incluyendo el Chaco en los Departamentos de Tarija y Sucre. En resumen menos del 20% del territorio nacional de poco más de 1 millón de Km2, son potencialmente cultivables o utilizables para la cría de animales, el resto del territorio son bosques, lagos, ríos, áreas protegidas y montañas.

En los últimos 10 años la superficie agrícola cultivada creció en 600 mil hectáreas, un incremento del 16%, mientras que la producción agrícola nacional en total paso de 15,5 millones de toneladas en 2012 a 20,1 millones de toneladas en 2022, esto equivale a un 25% de aumento de la producción, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura publicados por el INE. La situación nos muestra un incremento en los rendimientos de los principales cultivos como los cultivos de oleaginosas, caña de azúcar y cereales que representan en conjunto una producción de 3,4 millones de toneladas equivalentes al 83% del total de la producción agrícola nacional. Cabe destacar que el aumento de la producción es resultado de políticas de incentivos a la producción de etanol, extraído de la caña de azúcar y del sorgo, por la incorporación de los biocombustibles en la matriz energética, así como el mejoramiento de semillas, aun sin el uso pleno de la biotecnología.

Solo el aumento de la producción de caña de azúcar para la obtención de una mayor proporción de mezcla del etanol con los combustibles fósiles hasta 25% puede elevar la producción agrícola hasta en un 50%, lo cual generará un ahorro importante de divisas y un incremento en la inversión y empleo del sector primario. En el caso de la producción de oleaginosas (soya, girasol, colza, palma y otras) para la fabricación de biodiesel con la mezcla de los aceites vegetales crudos con el diésel fósil, la demanda agrícola será el equivalente a unas 220 mil toneladas de grano, considerando que las tres plantas proyectadas de YPFB producirán unos 4000 barriles de diésel por día lo que equivale a unos 200 millones de litros de biodiesel por año, que deberían incorporar al menos 40 millones de litros de aceite crudo.

Respecto a la producción pecuaria nacional, destaca la cría de bovinos de las que se derivan la industria de lácteos, cárnica y de cuero. El hato ganadero de bovinos en Bolivia ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos diez años, pasando de los 8,3 millones de cabezas de bovinos en 2012 a 10,7 millones el 2022, un incremento del 30%. El fortalecimiento del sector pecuario se ha visto apoyado por los avances en materia de genética y el mejoramiento continuo del hato ganadero en razas como Nelore donde Bolivia ya es un referente a nivel sudamericano. De la misma manera acompaña el desarrollo del sector el establecimiento de las industrias frigoríficas que ya exportan carne de bovino boliviano a China y otros mercados.

El Valor Bruto de la producción agropecuaria (agrícola y ganadera) a nivel nacional representan cerca de 5.400 millones de dólares anuales, equivalentes al 12,6% del PIB nacional y su potencial de expansión rápida de la producción puede llegar hasta un 30% adicional en el corto plazo, lo que podrían representar una contribución de al menos 1100 millones de dólares adicionales de producción solo en el sector de los productos agrícolas industriales. Este potencial es alcanzable con la implementación de la biotecnología que permitirá incrementar el rendimiento en los cultivos oleaginosas y de cereales hasta en un 30%. Solo en Santa Cruz el valor bruto de la producción agropecuaria alcanzó los 3.800 millones de dólares el 2022 y una tasa de crecimiento mayor al 8%.

En definitiva, haciendo la tarea mínima indispensable en el sector agroalimentario podríamos solventar un incremento del PIB nacional en dos a tres puntos porcentuales adicionales en un par de años, lo cual es posible liberando plenamente las exportaciones y el uso de semillas transgénicas, sin dejar de acompañar con otras medidas financieras y monetarias que viabilicen la atención de la demanda externa de los excedentes agroalimentarios sin mayores contratiempos.

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