Opinión

El presidente, ¿será recordado como un canalla?

2 de noviembre de 2019, 3:00 AM
2 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Ha llegado el momento decisivo. El presidente Morales y sus acólitos han llegado al final del sendero, la última bifurcación.

La historia los juzgará con esta última decisión, reza Apocalipsis 20:12-14 respecto al juicio final: “Vi a los muertos, grandes y pequeños, en pie ante el trono, y fueron abiertos los libros. También fue abierto otro libro, el de la vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.

El mar entregó los muertos que había en él, la muerte y el hades entregaron los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras.” Los historiadores harán lo mismo, juzgarán los últimos días de su presidencia según sus órdenes ejecutivas finales.

Los estrategas masistas han cometido un gravísimo error de cálculo: Pensar que pueden importar y adoptar estrategias que fueron exitosas en Cuba y Venezuela, sin considerar las particularidades actuales del terreno boliviano. Resulta que la cultura boliviana es muy heterogénea, también más belicosa y determinada que las mencionadas. 

Vivimos en el país que se peleaba en el pasado los primeros lugares en golpes de Estado a nivel mundial, ellos deberían saberlo mejor que nadie.

Sin ánimo de especular sobre los detalles de las reuniones de gabinete, es evidente en este momento, que se impuso el libreto de los más radicales, de los castro-chavistas.

Primero, esperaron que los manifestantes democráticos se cansaran y retornaran a sus casas. Al fracasar esto, optaron por la última maniobra del libreto: Violencia a través de sus colectivos, los mal denominados movimientos sociales.

Táctica que fue exitosa hace algunos años en Pando y Santa Cruz. Ocasionar violencia que resulte en muertes, para luego encarcelar a dirigentes de oposición. Pero esa Bolivia era una dividida ex ante, con mucho protagonismo de parte del oficialismo.

La actual es muy distinta, la preferencia electoral mostró una nación unida por la democracia. Por otro lado, la oposición aprendió de los errores del pasado: Las manifestaciones por la democracia son de carácter pacifista in extremis. Tanto así, que se ha optado por paros cívicos indefinidos, algo histórico en el país.

Adicionalmente, se nota que los famosos movimientos sociales no habían sido numerosos ni bien organizados, ya nadie les tiene miedo.

La soberbia del partido de gobierno los ha dejado sin alternativas. Mientras que en un principio se solicitaba una segunda vuelta electoral para calmar la tensión política en la ciudadanía, esa opción ha dejado de ser viable.

Ya no se escucha en las calles los pedidos por una segunda vuelta, se escuchan los pedidos por la renuncia de los actuales gobernantes. A medida que pasan los días, aumentan los indicios de un descomunal fraude electoral y la tensión crece proporcionalmente. ¿Dónde están los que votaron por Morales?, no aparentan ser muchos. ¿Acaso estarán en el cementerio?

En consideración a la inviabilidad jurídica y moral de una segunda vuelta, encontramos a Evo Morales en una encrucijada que definirá su legado en la historia.

Marcharse pacíficamente, con una reputación discutible, con algunos logros y suficientes fracasos. O, si cumple sus promesas de cercos, violencia y racismo, llevándonos al fin de un ciclo de manera circular, igual que su antecesor.

Quizás un futuro más promisorio para su partido sería optar por la renuncia, gobierno de transición y nuevas elecciones.

Está en manos de Morales, ¿querrá ser recordado como un canalla?



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