28 de septiembre de 2023, 4:00 AM
28 de septiembre de 2023, 4:00 AM


Es difícil saber si la decisión de lanzar la candidatura de Evo Morales para las elecciones presidenciales de 2025, todavía lejanas, fue de él o de sus asesores, esos que lograron aplicar una astuta estrategia por la que el MAS capturó el poder y no lo soltó hasta que se lo arrebataron, con movilizaciones callejeras de por medio.

Una cosa es segura: la decisión de volver a candidatear no se tomó este año, sino que es una constante. Ya cuando ejercía el poder por primera vez, allá por 2006, su cabeza estaba puesta en las próximas elecciones a las que podía postularse por una segunda vez, porque hasta la anterior Constitución Política del Estado lo permitía. Pero solo había una repostulación continua y Evo nos cambió las reglas a medio camino, de manera que se re-re-postuló con el argumento de que, con una nueva Constitución, las cosas estaban comenzando de cero.

Durante todo ese tiempo, su idea era repostularse para que, elecciones mediante, extienda su mandato por cinco años más, y otros cinco y otros cinco. Cuando se acabaron sus triquiñuelas, y ya no había manera de hacer parecer legal a la re-re-re-postulación, planteó un referendo para modificar la Constitución solo en esa parte… y perdió. Pese a eso, volvió a re-re-re-postularse, aunque ya de manera directamente anticonstitucional.

Entonces, más que un presidente, Evo Morales es un candidato permanente y, como tal, está en permanente campaña. Lo que hizo en su primer mandato no tenía como principal propósito mejorar las condiciones del pueblo, sino hacerle ver que él, y solo él, está capacitado para gobernar Bolivia. Los demás somos ovejas útiles para que se aproveche nuestra lana, carne y otras cosas, pero no tenemos capacidad para gobernar. El único que puede hacerlo es el señor Juan Evo Morales Ayma.

Parece sarcasmo pero, en realidad, es una peligrosa constatación de una adicción al poder que, por ser tal, es imposible de controlar. Evo Morales está convencido de que estaba predestinado a gobernar, pero no por un tiempo, como debe ser, sino para siempre. Y como su objetivo es gobernar hasta morir, trabaja en consecuencia. Por eso es que, al estar frente a los micrófonos de la radio que más le chupa las medias, no se aguantó más y anunció su candidatura a la re-re-re-re-postulación. Como siempre, no fue honesto y no dijo que candidateará porque eso es lo que él quiere, sino que la gente lo está obligando. Es lo mismo que decía García Meza cuando justificaba su intención de no dejar el poder por 20 años.

¿Debería ser candidato? Más allá de consideraciones de tipo político, lo que preocupa es que Evo Morales está reconfirmando su adicción y ésta, como todas, es perjudicial. ¿Está bien apoyar a un adicto en su adicción? Ésa es la pregunta que debería hacerse la gente que lo apoya en sus afanes de volver a capturar el poder.

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