Opinión

El rostro de la verdadera revolución

31 de diciembre de 2019, 3:00 AM
31 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Cuando se revisa la historia, es evidente que las revoluciones más importantes se han hecho contra lo que establecen las estructuras tradicionales. Los cambios que perduran son movidos desde la base social, porque es la que percibe cuán necesario es romper los viejos esquemas y crear otros novedosos para atender las necesidades emergentes, esas que la clase dominante deja de percibir cuando se aleja del pueblo.

En Bolivia, no cabe la menor duda que los grandes protagonistas de 2019 han sido los ciudadanos que, a fuerza de convicción, perseverancia y fe, lograron cambiar estructuras que se percibían sólidas e imposibles de transformar.

Hay que destacar la acción voluntaria de miles de bolivianos que, impotentes ante la falta de acción del Gobierno central, dejaron todo para enrolarse en las tareas que permitieran apagar los incendios que devoraban los bosques y las tierras en el oriente. Miles que llegaron hasta diversas zonas de la Chiquitania para buscar las llamas y enfrentárseles. Esta cruzada dejó víctimas y dejó personas lesionadas. No obstante, nada aplacaba el ímpetu de trabajar, a sabiendas de que lo que se estaba consumiendo era el futuro del país y del planeta. Hubo quienes llevaban víveres, quienes preparaban ollas comunes y quienes se transformaban en especialistas en una empresa que parecía sin esperanza.

Tras la defensa de los bosques, casi sin descanso, se activó la defensa de la democracia. Nadie imaginó que Potosí y Santa Cruz serían capaces de parar por 21 días y más; los otrora poderosos se burlaban de la medida y esta se fortalecía; hubo jornadas de desesperanza y otras de profundo dolor, pero la protesta se mantuvo a fuerza de convicción ciudadana hasta lograr su objetivo.

Hay otras revoluciones que son silenciosas, pero que van horadando las estructuras. Una de ellas es la de la salud. Y ahí hay que destacar la persistencia de un ciudadano que no nació en Bolivia, pero cuyo corazón palpita junto al de todos los bolivianos: el padre Mateo Bautista. Hace dos años, él planteó la importancia de que el presupuesto para la salud sea del 10% en todos los niveles del Estado. Fue obligado a irse de esta tierra, pero él siguió y fue contagiando su iniciativa. Muchos médicos y pacientes se sumaron. Ahora, la propuesta toma forma y puede concretarse en 2020. Para que sea así, fueron vitales los testimonios y protestas de pacientes y de familiares, otros ciudadanos que son capaces de revolucionar el mundo.

La educación también está en proceso de transformación. Hay que destacar el esfuerzo de maestros y de estudiantes que se trazaron metas importantes como la participación en eventos internacionales de Astronomía, Geografía, Robótica; algunos llegaron con títulos alcanzados, otros ganaron aprendizaje; todos ellos inundaron de esperanza a los jóvenes del país, porque son la semilla de oportunidades que se necesita para saber que es posible pasar a otro nivel de formación. Quizás las primeras consecuencias de esta esperanzadora cruzada es la fabricación de vehículos eléctricos que ya tienen licencia para ser comercializados o la exportación de softwares desde Cochabamba para el mundo.

Si el fútbol dejó sinsabores, no pasó lo mismo con valiosos atletas que sacaron la cara por Bolivia en varios escenarios del extranjero. Hugo Dellien, los hermanos Zeballos en tenis y los raquetbolistas que ganaron medalla de oro en los Juegos Panamericanos. Su temple fue la llave para que los bolivianos palpiten con sus logros y el mensaje que dejan con su vida.

Este 2019 acaba con buenas noticias. Ese protagonismo ciudadano marca el inicio de revoluciones que deben consolidarse en 2020.



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