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El sistema está bien, y no podría estar mejor…

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11 de junio de 2020, 5:00 AM
11 de junio de 2020, 5:00 AM

Francisco Belzagui Elder - Ingeniero Químico y Ambiental

Vamos a hablar de algunos acontecimientos contemporáneos. En la década del 70, la gigante petrolera Exxon financió un proyecto para evaluar las consecuencias de las emisiones de CO2. Como resultado, elaboró uno de los reportes más exactos sobre el cambio climático. Sin embargo, ello podría haberles supuesto un revés a sus intereses, por lo que ocultaron información y engañaron al público. Hoy en día existe un proceso legal contra ellos, pero no por las implicaciones socio-ambientales que generarían sus sombríos esfuerzos, sino por el daño financiero hacia sus inversores. La tradición sigue, la Administración Trump decidió hace poco formar un equipo para sembrar dudas respecto al cambio climático. Todo ello mientras nos encaminamos a un aumento de 4ºC, con consecuencias ciertamente devastadoras e irreversibles para la civilización. Pero, por los intereses económicos aferrados al lobby petrolero, el consumo de combustibles fósiles y sus resultantes emisiones de gases de efecto invernadero siguen en aumento. 

Es muy fácil encontrar más situaciones indignantes y totalmente aceptadas. Por ejemplo, el dinero en el mundo, que hay en exceso, se encuentra acumulado en una minoría infinitesimal. Mientras, existen 3.400 millones de personas que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Es decir, la mitad de la población mundial (el equivalente a 310 Bolivia) está en una batalla diaria por sobrevivir. Lo peor de todo es que muchas de estas batallas son y serán perdidas. Por cierto, ¿cómo se le puede exigir a estos supervivientes que acaten cuarentenas cuando no tienen ni para alimentarse? 

Por otro lado, existen presupuestos aparentemente necesarios; por ejemplo, en el año 2018 se dispusieron 2 billones de dólares en gastos militares, el equivalente a un desembolso de 250 dólares por cada habitante de la Tierra. Paradójicamente, esos datos pueden ser encontrados en la web del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo. Existen fortunas en el orden de los 100 mil millones de dólares, se compran futbolistas por 200 millones... No podemos hablar de equilibrio, justicia o sostenibilidad. 

La lista de aberraciones socio-ambientales es infinita. Hagamos un ejercicio, imagínense a usted y a 2 personas de su familia. Según estadísticas mundiales, uno de ustedes no tendría acceso a agua potable, y dos de ustedes no contarían con servicios básicos de saneamiento; mueren 300.000 menores de 5 años al año por esas carencias. Más ejemplos, la falta de inversión para fortificar los sistemas de salud pública, fuertemente evidenciada en estos tiempos de pandemia. Por si no fuera suficiente, los actos de corrupción se han visto disparados, ya que muchos han visto una “oportunidad” en esta crisis. En la industria textil el 40% de las prendas textiles que no fueron vendidas son echadas a la basura al finalizar la temporada, ya que, las marcas top tienen un estatus que mantener. Entre las emisiones de las industrias y el transporte mueren 7 millones de personas al año por respirar aire contaminado. La degradación ambiental ha provocado el 60% de las enfermedades infecciosas humanas. Es más, es tal la degradación, que hemos dado inicio a una extinción masiva de especies, un colapso completo de los ecosistemas. 

En fin, por donde lo enfoques, el desequilibrio del sistema en pos del crecimiento exclusivo e ilimitado de la economía conlleva decadencias. Por ello, mientras no se genere un cambio estructural, o no se regule el capitalismo y libertad sea sinónimo de liberalismo, la economía seguirá prevaleciendo por encima del bienestar socio-ambiental. Bajo el marco actual, la única certeza es la de un futuro catastrófico. No es pesimismo, son datos, es la realidad. Entretanto, nosotros podemos informarnos, decidir y cambiar hábitos para ser promotores de un mundo socio-ambientalmente más justo e indiscutiblemente necesario; o, de “un futuro”, a secas.

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