2 de febrero de 2022, 4:00 AM
2 de febrero de 2022, 4:00 AM


Nuestro país todavía no sutura las heridas dejadas en estos 3 años electorales y decorada con el manto negro del covid. Esta sangrienta confrontación continúa, tanto en el bando oficialista y en lo que queda de oposición. En ambas historias, ya se cuentan los desterrados, aislados, denunciados, perseguidos, sentenciados y presos, por decenas.

Los liderazgos opositores particularmente de derecha están entre ellos embarcados en una lucha sin cuartel, generando una inédita fragilidad colectiva, que puede devolverle la hegemonía al MAS. Por otra parte, el Evismo, el ala más extremista del proceso de cambio, promueve una interna de baja intensidad. Evistas contra Choquehuanquistas, históricos versus renovadores, entramparon en un dilema al presidente, con cierre inesperado; disputa que paradójicamente puede ser la única oportunidad de la oposición en 2025. Vivimos el tiempo de la implosión de los extremos. 

El profesor Bruce Bueno de Mesquita, principal investigador del Hoover Institution de Stanford University, apoyado en la Teoría del Drama, desarrolló el método Prince, para analizar el contexto político. Él sostiene que identificando los intereses, posiciones, influencia y disposición a negociar de los actores políticos, se puede construir escenarios probables y determinar su viabilidad.
La posición de la mayoría de los líderes, actuales y ex autoridades opositoras, es de confrontación interna; sus intereses pasan por desacreditar a los líderes y autoridades vigentes en su gestión, como en su proyección política futura; o deslindar responsabilidades actuales y debilitar la posibilidad del retorno de las anteriores. Se olvidaron de que el adversario es el MAS. La mayoría no está dispuesta a negociar. 

Los intereses de Evo y Choquehuanca son debilitarse entre ellos, para llegar mejor posicionados al 2025 y tener mayor influencia en Arce. Pese a sus posiciones antagónicas, ambos ven con beneplácito, como en el frente externo, la autodestrucción y debilitamiento de sus potenciales rivales; les ahorra trabajo en un momento de vulnerabilidad.
Asombra la virulenta disputa opositora en Santa Cruz; lugar donde están dilapidando su “credibilidad” colectiva, que superó la casta política y que hoy va por su institucionalidad, un patrimonio construido en décadas en esa región y que, como nunca, se ve amenazado. Cayó la torre, o mejor dicho, la dinamitaron desde adentro. 

“El Gobierno autoritario utiliza la justicia politizada para perseguir a sus rivales”. Hoy vemos cómo la ofensiva judicial interna pinta casos como el de los “Ítems fantasmas”, “PumaKatari”, “Desvío de fondos para redes en campaña”, son las grandes noticias. El contexto cambia, y en política, las percepciones son la realidad; el Gobierno está dejando de ser el villano. “En la oposición se denuncian entre ellos, demuestran que siempre fueron corruptos, no están preparados para gobernar”. 

El allanamiento a la Gobernación de Santa Cruz, Saguapac, la clandestinidad del exalcalde Revilla, los procesos contra Costas, Oliva, Arias, cívicos, muestran que en un futuro no muy lejano, la detención de un alcalde o gobernador en funciones no es solo posible, sino probable y que a este paso en el subconsiente de los electores, podría dejar de ser una “injusticia”. El gran ganador de esta champa guerra, es el Gobierno, porque ganó legitimidad para perseguir. Refuerza la injusta detención de la expresidenta Áñez, Pumari y tantos otros. 

El Gobierno hábilmente está demoliendo la credibilidad de sus oponentes y con eso, su influencia. Con poca influencia es difícil armar un esquema que dispute el poder.
Con estas variables, lo más probable es que independientemente de quien sea el candidato masista el 2025, la oposición no logrará articular una alternativa potable o el único que dejará en pie la guillotina judicial “legitimizada”, será un representante radical de oposición, fácil presa del Gobierno. 

Por mucha ventaja el masismo está ganando el partido.