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El 15 de noviembre se celebra el Día Mundial del Cannabis Medicinal. Su uso medicinal está permitido en Argentina, Chile, Colombia, República Checa, Israel, Portugal y Alemania, mientras que el uso recreativo y medicinal solo es legal en Holanda, Canadá, Uruguay y algunos estados de Estados Unidos.

La ONU ha reconocido en 2020 las propiedades terapéuticas de esta planta y su resina al retirarlas de la lista IV de la Convención sobre drogas de 1961, un espacio reservado para las sustancias más perjudiciales y sin potencial médico reconocido.

En Bolivia el uso medicinal del cannabis es particular y hasta incipiente, a pesar de que existe una demanda importante. Según el informe de Acción Andina Boliviana, pese a la existencia de este dictamen de la OMS, y al hecho de que el uso medicinal y terapéutico del cannabis está aprobado en otras latitudes, los pacientes en Bolivia (que en una significativa proporción son niños y niñas), alivian sus padecimientos a través de productos de cannabis, se encuentran aún en una suerte de “zona gris” que los pone en riesgo de persecución penal.

Sobre el aspecto jurídico, la Ley 913 de Sustancias Controladas abre la oportunidad de utilizar la marihuana con fines medicinales, aunque aún falta su reglamentación.

El médico cirujano chileno Pedro Msalem Nazar publica que cannabis medicinal puede ayudar a personas con enfermedades graves con su efecto antiinflamatorio, neuroprotector e inmunomodulador, esos son los tres efectos fisiológicos principales de los fito cannabinoides que influyen en el sistema endocannabinoide humano de formas complejas que están siendo investigadas en los últimos 30 años.

Para el pediatra boliviano Carlos Paz hoy se sabe de la existencia de al menos 60 a 80 cannabinoides y, entre ellos, el cannabidiol es el más utilizado y estudiado. “Es importante separar cuál es el derivado cannabinoide extraído del Cannabis, como cannabidiol, éste no tiene efectos sicoactivo o eufórico y se estudia ampliamente con fines medicinales, pero la planta in natura, la marihuana, es una droga ilícita que se utiliza para alucinógenos por sus efectos psicoactivos y eufórico”, dice.

Paz agrega que el Consejo Federal de Medicina (CFM) reguló el uso de cannabidiol en Brasil a través de su resolución No. 2.113 / 14, para el tratamiento de niños y adolescentes con epilepsias refractarias a los tratamientos convencionales. “Esta regla prohíbe la prescripción de cannabis in natura para uso medicinal, así como cualquier otro derivado. El grado de pureza de la sustancia y su presentación debe seguir estrictamente las determinaciones de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa)”, sostiene el especialista.

De acuerdo a mayoclinic.org dependiendo del estado, puedes calificar para el tratamiento con marihuana medicinal si cumples con ciertos requisitos y tienes una condición de elegibilidad, como: enfermedad de Alzheimer, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), VIH/SIDA, cáncer, enfermedad de Crohn, epilepsia y convulsiones, glaucoma, esclerosis múltiple y espasmos musculares, dolor severo y crónico, náuseas severas y agrega: “Es posible que los médicos consideren la marihuana medicinal si otros tratamientos no funcionan”.

Por su parte la coordinadora de Acción Andina Boliviana y especialista en política de drogas, Gloria Rose Achá, argumenta: “Sabemos por la experiencia de estos casos son las mismas enfermedades principalmente epilepsia, parálisis cerebral, también para el alivio del dolor se utiliza en muchos pacientes, incluyendo pacientes con cáncer que utilizan los efectos de la quimioterapia. Hay bastante casos clínicos en el mundo sobre el uso medicinal de cannabis. También se utiliza para problemas de depresión, angustia o ciertos tipos de problemas mentales. Se ha visto la utilización en caso de soriasis como causa emocional de estrés, con todo tipo de pacientes en el país y muchos niños y niñas. El uso de extracto de marihuana medicinal no tiene efectos adversos, esto facilita que se pueda dar a los niños sin complicaciones, por eso en Bolivia como es clandestino, los papás pueden utilizarlo a ensayo y error y ajustar las dosis”, dice.

Descubrimientos recientes sobre receptores cannabinoides (tipo 1, CB1R y tipo 2, CB2R) en el CNS, señala Paz, trajo la posibilidad de estudios en otras áreas del cerebro y la señalización a posibles efectos neuropsiquiátricos. “En un estudio reciente publicado en la revista Nature, existen estudios que utilizan cannabidiol para mejorar principalmente funciones sociales: ansiedad, estrés crónico y comunicación social, lo que brinda la posibilidad de uso para trastorno del espectro autista, esquizofrenia, trastorno depresivo mayor, estrés postraumático, fobia social y trastorno bipolar. La justificación para tal uso se basó en el hecho que los receptores CB1R estarían vinculados a la regulación de la llamada fuerza sináptica, en la que neuronas excitadoras e inhibidoras, responsable por este equilibrio cerebral de acción de excitación-inhibición, sufriría la acción directa de este receptor en algunas áreas del SNC y en consecuencia se regularía por la liberación y recaptación del neurotransmisor glutamato y mediaría la supresión de ácido gamma-amino-butírico (GABA)”, resume el médico.

 Cabe señalar que estos hallazgos “son hipótesis elaboradas a través de modelos animales, estudiados exclusivamente en ratas, sin correlación científica real, en el momento, para que los mismos efectos sean posibles en los cerebros humanos. Por tanto, los efectos ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos todavía merecen ser mejor estudiados, replicados y mayor solidez científica para ser utilizado en pacientes humanos”, dice Paz.

Recientemente, agrega el especialista Paz, algunas familias han logrado, a través de acciones legales en Brasil, importar cannabidiol para uso en niños con trastorno del espectro autista (TEA). Hasta el momento no existe evidencia científica sólida que aporta seguridad y eficacia para los síntomas del autismo, así como no existen estudios controlados, aleatorizados, con un número de pacientes lo suficientemente seguro como para indicar tratamiento para el autismo con cannabidiol.

En Bolivia no hay médicos especialistas de cannabis medicinal, así como tampoco hay regulación, por lo tanto, no pueden recetar, tampoco qué recetar.

“Para llegar a la legalización hay todavía un camino por recorrer. Si bien Bolivia está suscrita a tres convenciones internacionales que rigen el modelo de fiscalización de drogas en el mundo (1961, 1971, 1988) permiten el uso medicinal de las sustancias controladas. 

En Muchos países, como Estados Unidos, México, Argentina, Colombia, antes de la ley existieron autorizaciones del uso del cannabis medicinal a pacientes con sus protocolos respectivos. Puede haber una regulación que viene de la mano de las normas administrativas a través del Estado. Cuando un paciente se hace visible ante la sociedad empuja, en cierto modo, a la viabilidad de la regulación y la legalidad del uso”, resume Achá.

“Hay pacientes que de manera particular buscan aceites que muchas veces los traen del exterior, sobre todo de países vecinos. En el mercado interno se puede conseguir en herbolarias o mercados afines, ungüentos de cannabis, aceites, etc. a pesar de que no tiene control sanitario. Hay productos artesanales o más elaborados que están fuera de la legalidad”, comenta el jurista Jorge Castañares.

Como otros profesionales Achá lo considera un tema de salud, aunque no se cuantifica, hay decenas de casos en el país, por el momento “clandestina”, pero para muchos una opción de salud. “No es un tema de narcotráfico recalca Achá, es un derecho a la salud, ni tampoco es una cuestión de opinión, sino de conocimiento científico”, concluye la abogada.

El proceso de regulación es incipiente en Bolivia, se está iniciando y se espera dar el primer paso con una paciente el próximo lunes 15 del corriente.

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