OpiniónOPINIÓN

El valor de valorar

6 de julio de 2020, 3:00 AM
6 de julio de 2020, 3:00 AM

Hace dos semanas soy papá y mamá. Un viernes mi suegro fue llevado a emergencias producto de esta terrible enfermedad que está azotando al mundo entero, desde ese día nos quedamos solos, mis dos hijos, uno de 9 y otro de 7, y yo; obviamente, mi esposa, salió de la casa para ayudar a su papá y a su familia.
En estas dos semanas, he aprendido a cocinar, sé hacer lasaña, milanesa, hamburguesa, majadito, locro, pastel de quinua, entre otros. He aprendido a lavar baños, a tender la cama, a lavar los platos, a meter ropa a la lavadora, tenderla, doblarla y acomodarla en su lugar, sé barrer (no a la perfección), trapear, acomodar la basura y dejarla en la acera tres veces a la semana, entre otras cosas.

He revivido, mis años en el colegio, volví a aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir; me martiricé una tarde, dibujando cuadrados, rectángulos, redondos todos milimétricamente pintados en un cuaderno de dibujo; recordé dónde estaba el sujeto, verbo y predicado; volví a aprender a escribir, con la g de gato, con la m de mamá y con la c de casa; eso mientras les iba explicando a mis hijos como hacer sus tareas.

Hemos cultivado la oración antes de todas las comidas y sobre todo antes de dormir. Ellos, los niños, ya se bañan solos, cada uno tiene una tarea definida, uno levanta los platos y el otro le da comida a Samira, nuestra perrita.

Dentro de todo ese tiempo, tengo que trabajar desde casa, hacer ejercicios, leer la biblia y algunas páginas de un libro diario, lo que se me hacía imposible es sentarme a escribir mis notas de opinión que frecuentan en este diario.

Ahora, un sábado a las cinco de la tarde, después de sentar a mis hijos a tomar la merienda, mientras ellos miran su dibujito preferido, estoy escribiendo esta nota con la única intención de realmente demostrar el valor de las cosas cuando uno las tiene; ahora puedo decir que todas las patas de la mesa son importantes, cuando una de ellas se corta hay un desequilibrio. Hemos sabido sobrellevar esta cuarentena, gracias a Dios, mi suegro se está recuperando favorablemente y pronto, Dios quiera, mi esposa estará de nuevo al lado nuestro, por el momento sólo queda tener fe y ánimos que vendrán tiempos mejores.



Tags