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Elecciones virulentas

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6 de junio de 2020, 3:00 AM
6 de junio de 2020, 3:00 AM

José Orlando Peralta B. /Politólogo



La programación de las elecciones nacionales para el mes de septiembre ha dado certidumbre política, pero continúa la incertidumbre sanitaria. La pandemia no da tregua en Latinoamérica, pero ya ha sido politizada en Bolivia. El proceso electoral será excepcional porque el coronavirus ha trastocado todo en el mundo, hasta las ideas. 

¿Cuáles deben ser las pautas o motivos de los discursos de campaña de cara a septiembre? 

Salud y economía. Los científicos del área de salud, médicos y economistas tienen hoy la palabra para orientar a todos los actores políticos en competencia electoral y así replanteen sus programas y propuestas correspondientes a la gestión de gobierno 2020-2025.

Importa que de forma prioritaria se insista en el fortalecimiento del sistema público de salud, como también en una estrategia para aminorar el impacto de la crisis económica mundial en el país. De hecho, al próximo gobierno elegido por el voto no le bastará un líder carismático o ganar con más del 50%. 

Será imprescindible la articulación de una alianza con sus opositores, medios de comunicación, intelectuales y elites económicas -no necesariamente que desaparezca la crítica de la opinión pública porque es un pivote de la democracia- para enfrentar el caos con institucionalidad y cohesión social y no con discursos políticos trasnochados y movidas tácticas gestadas en cloacas.

Por otro lado, un tema que ha sido bastante discutido en las redes sociales es la necesidad de equilibrar la representatividad política urbano-rural mediante una distribución equitativa de escaños, lo que es una demanda legítima si se consideran factores demográficos de cada departamento como es el caso de Santa Cruz, pero sería pertinente a partir de un nuevo censo consensuado por el próximo parlamento -esperemos sea variopinto- y gestionado por el nuevo Poder Ejecutivo. 

Volvamos a la realidad nuestra de cada día en tiempos de campaña electoral. La corrupción y amenazas a la libertad de expresión por parte del gobierno de transición han contaminado todo. Son el blanco perfecto de opositores y opinión pública. Si consideramos las condiciones políticas-institucionales, estados de ánimos y expectativas de la gente en el momento que llenaron el vacío de poder después del fraude electoral del MAS y el escape de su líder histórico, cargar las tintas no sería un pecado.

La disputa discursiva de los actores políticos en competencia electoral en el contexto de la pandemia será virulenta, no necesariamente por el afloro y choque de ideas y relatos sobre el estado del Estado, la institucionalidad democrática, la profundización de las autonomías, el bienestar social y crecimiento de la economía, sí por demostrar quién es menos corrupto o más religioso.


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