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11 de julio de 2024, 4:00 AM
11 de julio de 2024, 4:00 AM

Fue un miércoles hace más de 15 años cuando daba clases en La Paz. No me acuerdo el tema que enseñaba, pero sí la idea que compartí.
¿Qué pasa si un país experimenta una crisis? Puede ser, por ejemplo, como resultado de una crisis internacional o de una pandemia. En esos casos, los bancos centrales ayudan a la recuperación de los países bajando las tasas de interés y promoviendo temporalmente el consumo y la inversión. Esa es la práctica de la banca central cuando se maneja seria e independientemente.
Para que los entes emisores influyan en la tasa de interés es necesario que la gente prefiera masivamente la moneda nacional. Si la población usa otra moneda, el banco central no puede hacer mucho porque no tiene la capacidad de “sacar o meter” dinero. Como lo dije en esa clase: “el banco central no tiene la maquinita de hacer dólares, pero si bolivianos.”
En la noche me visitó mi jefe y me dijo preocupado que el banco central se había quedado sin moneda nacional. En efecto, debido a la bolivianización la demanda de billetes subió y éstos casi se agotaron. Descubrí que el banco central tampoco tiene la “maquinita” de fabricar bolivianos.
Para hacer corto el cuento: una movida inteligente del presidente interino de entonces hizo que la empresa internacional que fabrica billetes pueda ponernos antes en la lista de países, además que los billetes viejos circularon por más tiempo del aconsejable.
Por eso, como el dinero boliviano se “fabrica” afuera se licita un lote grande de billetes para que se los introduzca paulatinamente. Recuerdo que me tocó hacer proyecciones de billetes y monedas en 2012 para muchos años y recomendamos introducir la moneda de Bs10 y el billete de Bs500 porque sus equivalentes (Bs5 y Bs200) ya habían perdido el poder de compra. Por tanto, veo como normal la adquisición de material monetario que se reveló estas semanas.
Más allá de eso, ¿tenemos ahora emisión inorgánica? Para eso, tenemos que definir qué significa o cuándo hay este tipo de emisión.
Me tocó analizar en el banco central la demanda de emisión de los años 2007 y 2008 porque su crecimiento mayor a 50% podía ser inorgánica. Descubrí entonces en la práctica que las personas y empresas requerimos más dinero cuando hay más inflación, más crecimiento, tasas de interés más bajas y mayor preferencia por la moneda nacional.
Si la inflación sube la gente necesita más dinero para hacer las mismas transacciones. Si hay más actividad económica también las personas demandan más efectivo. En el caso de la tasa de interés, mientras más baja es “más barato” es tener dinero en caja. Y si la gente prefiere más moneda nacional, entonces sube la demanda por dinero.
Si estos factores no explican esa demanda en proporciones razonables, entonces podemos hablar de emisión inorgánica. Pude comprender que hubo varios episodios temporales de emisión inorgánica entre 1990 y 2012. Y estos eventos tuvieron repercusiones en los precios con un rezago de 12 a 18 meses. Es decir, excesos de emisión monetaria implican más inflación tal como la teoría y la práctica de la banca central lo señalan.
Por tanto, debemos ver qué pasa con la inflación, el crecimiento, las tasas de interés y la bolivianización/dolarización para emitir una opinión. Las dos últimas no han experimentado cambios significativos en los últimos años: la tasa de interés de referencia (TRE) en bolivianos no se ha movido y la bolivianización tampoco, pese a las turbulencias.
En 2023 el crecimiento de la actividad fue 3,1% y la inflación 2,1%. Es decir, el crecimiento de la emisión tendría que haber estado en torno a 5%. ¿Cuánto creció la emisión? 18%. ¿Hay emisión inorgánica? Dado lo anterior y el comportamiento de los componentes de la emisión (reservas internacionales y crédito interno neto) es altamente probable.
¿Qué debe hacer el banco central? Emitir menos o contraer más la liquidez (y dejar de apuntar a analistas y comentaristas). Así, el dinero puede mantener su carácter fiduciario o de confianza, que es su principal activo.

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