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“Los países no quiebran, se empobrecen. Nuestro país tiene condiciones para salir adelante, somos fuertes en ciertas áreas. El Gobierno debe identificarlas para darnos condiciones. 

El sector privado no quiere dádivas ni premios, queremos reglas claras, normas que las autoridades cumplan. Queremos estabilidad y que el capital se quede no se fugue”. Así, con ese mensaje reflexivo, el empresario agroindustrial Cristóbal Roda instó al actual régimen de Gobierno a buscar un acercamiento con el empresariado nacional, del que dijo es el mayor generador de empleos.

A juzgar por Roda, la fe del Estado es regla uno para atraer inversiones, sean privadas o extranjeras, que deben complementarse con el respeto a las leyes, decretos y normas. “El sector privado no es enemigo de nadie, queremos ser socios, no adversarios”, matizó.

Desde la visión del gerente general de Sabores Bolivianos Alemanes SRL, Guido Mühr, el Gobierno no hizo aún nada para estimular el mercado laboral formal y en especial para las pequeñas y medianas empresas (pymes). “Debe privilegiar programas tributarios para pymes, facilitar créditos blandos y desburocratizar los trámites institucionales. En vez de castigar empresas que despiden personal, podría subvencionarlas e incentivarlas económicamente para que contraten personal”, arguyó.

La versión de los empresarios asoma en una coyuntura imparable de avance de la pandemia del Covid-19 que lleva al tejido empresarial del país a plantear al Gobierno un pacto nacional público-privado para dinamizar la productividad y el empleo y generar políticas que contribuyan a impulsar la oferta, para dar sostenibilidad a las operaciones de las empresas y precautelar la estabilidad laboral.

Para el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), Luis Barbery, el futuro en 2021 es incierto debido, fundamentalmente, al sostenimiento de la pandemia y a la incertidumbre que genera la crisis económica. Estos factores, a su criterio, condicionan el retorno a la normalidad, pero sobretodo influyen en la confianza de los agentes económicos con respecto al consumo y la inversión.

Dio cuenta de que un estudio realizado por la CEPB, con el apoyo de la Oficina de Actividades para Empleadores de la OIT, establece, por ejemplo, que las perspectivas de crecimiento de las empresas para 2021 son favorables solo para tres de cada 10 empresas en La Paz y Cochabamba, y dos de cada 10 en Santa Cruz. “Más del 90% de las empresas considera que 2021 no será propicio para la inversión y más del 60% cree que no podrá crecer o mejorar su situación”, expresó Barbery.

Con estos datos, dijo que el sector espera que la agenda política disminuya y se ponga más atención al control de la pandemia y la recuperación de la economía. “Esto pasa por un acuerdo nacional que se logre a través de un diálogo sincero, participativo, abierto y transparente que no se ha dado hasta ahora, pero confiamos en que pueda ser un objetivo importante para el Gobierno, cuya responsabilidad es clave en este momento”, acotó.

Para el presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), Ibo Blazicevic, debe primar el diálogo público-privado para generar un conjunto de políticas públicas desde la oferta y la demanda para reactivar la economía.

En el caso del sector industrial, a corto plazo, considera que se debe luchar contra el contrabando, modernizar las normas laborales a la nueva normalidad y modalidades de trabajo, reestructurar el sistema impositivo para reducir la carga fiscal en el sector y aumentar su competitividad, abrir nuevos mercados (locales y externos), reducir la tramitología y burocracia pública, impulsar la compra de bienes y servicios ‘Hecho en Bolivia’ y crear un fondo de créditos y garantías estatales para las empresas.

En el mediano y largo plazo, a juzgar por Blazicevic, se debe contemplar mayor institucionalización del aparato estatal, reconversión productiva en base a ciencia y tecnología, aprobación de normas para la inversión privada, nueva ley de inversiones, mayor infraestructura productiva, educación para la producción e innovación, incentivos fiscales para la elaboración de alimentos, entre otras medidas.

Desde la Cámara Nacional de Comercio (CNC), el gerente general Gustavo Jáuregui refirió que el sector propone al Gobierno trabajar de manera articulada en el diseño e implementación de medidas de corto plazo tendientes a dinamizar la oferta, esto para dar sostenibilidad a la operación de las empresas y al empleo que generan.

El ejecutivo cree que se debe apostar por un gran pacto nacional Gobierno-empresarios por la productividad y el empleo, que debe constituirse en el puntal inicial de un trabajo articulado destinado a generar mayor desarrollo económico y social para el país.

Además, la CNC sugiere fortalecer la inversión privada, de tal forma que se constituya en el motor de la economía, generando fuentes de empleo digno y formal en el país. Añade que con esta medida se fortalece la demanda y la oferta.

El economista Wálter Morales, coincide con este último planteamiento, pero cree que se debe dejar de lado lo ideológico, lo político y priorizar un enfoque técnico e institucional. “Es necesario dar impulso a la inversión pública, pero de calidad y en proyectos debidamente evaluados y con resultados de viabilidad. Se debe generar condiciones favorables y menos trabas para la inversión privada, local y externa, que resultan más sostenibles en el tiempo”, señaló.

Desde la perspectiva del Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec-Cainco) el reto en la presente gestión será articular ágilmente un plan de reactivación económica que sea integral, sostenible y que atienda las necesidades de la economía en su conjunto, de las empresas y los sectores.

Para que la recuperación sea efectiva el Cebec cree que se requieren líneas de financiamiento, sobretodo de capital de trabajo, acordes a la magnitud de la caída de los flujos de ingresos. También se debe precautelar la fortaleza del sistema financiero, por su rol en la intermediación de fondos.

“Por lo tanto, se debe apuntalar una recuperación más ágil que permita también reforzar las finanzas públicas, pero con los incentivos correctos”, concluye el Cebec.

Impulsarán demanda interna

Desde el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, el titular de esta cartera, Marcelo Montenegro, afirmó que este año se prevé el inicio de la recuperación de la economía boliviana tras un 2020 que se caracterizó por una fuerte contracción. No obstante, manifestó que el nivel de recuperación será coadyuvado desde el Gobierno y para ello se están realizando todos los esfuerzos posibles para garantizar el aprovisionamiento de vacunas, de pruebas, y la asignación de recursos para enfrentar el rebrote.

A decir del ministro, la agenda económica de este año considera como temas esenciales el incremento de la inversión pública, que alcanzará los $us 4.011 millones. Igualmente, dijo que se dinamizará y priorizará la demanda interna como pilar del crecimiento, no omitiendo; sin embargo, el papel de las exportaciones que también generarán recursos para el país. “Un tema fundamental de la agenda es la política de sustitución de importaciones y, en ese marco, el incentivo a la producción nacional, para lo cual ya se están diseñando medidas como el fondo de reactivación para empresas grandes, medianas, pequeñas y microproductores aprobado el mes pasado”, dijo.

Precautelar a financieras

El analista económico Jaime Dunn comparte el criterio del empresariado en sentido de que el tema sanitario condicionará el rumbo de la economía nacional, pero que el Gobierno debe hacer foco y evitar que la crisis económica se convierta en crisis financiera.

Insinuó que todos los países del mundo, incluido Bolivia, hicieron una buena letra al enfrentar la crisis económica con estímulos importantes por el lado de la demanda y algunos por la oferta. “La crisis es claramente económica, pero el Gobierno debe tener mucho cuidado para que la crisis económica no se convierta en financiera”, anotó, aclarando que no es lo mismo.

Dunn explicó que una crisis económica tiene básicamente una falta de demanda como la que afronta el país y bajos niveles de producción porque la oferta también se ha visto afectada. “La crisis financiera es diferente. Empieza con falta de crédito, incumplimiento de pagos y esas combinaciones hacen que se genere insolvencia. Nosotros no hemos llegado a eso y todos los países han actuado de una manera concertada y muy positiva -incluido el BCB- evitando que la crisis económica se convierta en crisis financiera”, enfatizó.

Para evitar esto último, Dunn cree que se debe mantener esa política. “Con el poco ‘armamento’ que se dispone se ha hecho un buen trabajo y hay que mantener esa línea, asegurando liquidez, tanto a las empresas como a las personas, porque lo que no queremos es que se genere un incremento a la mora, incumplimiento de pago o insolvencia. Eso sería catastrófico”, manifestó el economista, al relievar que todas das las instituciones financieras del país son los instrumentos más afectivos para poder reactivar la economía e instó al Gobierno a cuidar, vigilar y preservar la salud del sistema nacional.

En diciembre de 2020, la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) observó - a través de un comunicado enviado a EL DEBER- que en Bolivia se presentó un repentino e inesperado cambio en las reglas del juego sobre las reprogramaciones y diferimientos de crédito, con motivo de la expedición del Decreto Supremo 4409, que modifica la reglamentación sobre los intereses que corresponden al capital diferido con motivo de la emergencia.

La Federación considera que dichos cambios repentinos de ninguna forma contribuyen a preservar la estabilidad financiera, ni a mantener la cadena de pagos programada por el mismo Gobierno desde el inicio de la pandemia. “Así, las reglas del juego financiero se vulneran, y el sector financiero se somete a incertidumbre normativa sobre el futuro de los contratos de crédito”, apuntó.

Las tres lecciones aprendidas en la pandemia del Covid-19

Desde la perspectiva del gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, la pandemia dejó tres lecciones aprendidas para rescatar de 2020.

La primera, es que el hombre puede dejar de construir, de hacer turismo, de hacer minería e hidrocarburos, pero nunca dejará de alimentarse y, para ello, dijo que alguien tiene que producir y esto es lo que refleja la estadística del INE a noviembre con un balance positivo por $us 100 millones en el sector alimentos.

 “A pesar de la pandemia, el confinamiento, las dificultades logísticas y de transporte, el sector agroproductivo y agroexportador generó saldos exportables para que una vez colocados en el exterior generen un superávit de $us 100 millones con relación a lo importado, también en el mismo sector”, dijo.

Otra lección aprendida tiene que ver con el sector tradicional, con una caída espeluznante.

El sector de hidrocarburos y minerales cayó en $us 1.983 millones. Un descenso del 31% en términos de valor, pese a que el volumen cayó un 6%. “La baja en los precios de minerales e hidrocarburos ha impactado de una forma brutal al comercio exterior boliviano y la lección aprendida es que esto les pasa a los países que son vulnerables y dependientes de recursos extractivos no renovables, sin valor agregado, como son los minerales e hidrocarburos”.

La tercera lección aprendida. Las exportaciones no tradicionales a noviembre crecieron en $us 17 millones. Un 1% en términos de valor, pese a que su volumen disminuyó un 8%. De los 17 principales productos no tradicionales, 13 crecieron y 11 son de origen agropecuario (alimentos), destacando nítidamente la carne con un crecimiento de $us 62 millones, triplicando el volumen.

DATOS

Pandemia. Los efectos negativos en el sector empresarial son multidimensionales, estructurales y sostenidos, y han afectado áreas como el empleo, la liquidez, los ingresos, la inversión, la producción, las exportaciones y la propia estabilidad del sector. Lo más difícil, según la CEPB, es la pérdida de liquidez que afectó a más del 80% de las empresas.

Comercio. Para el IBCE, el 2020 fue una gestión para el olvido. Con datos del INE, a noviembre, se registra una caída de las exportaciones de Bs 1.972 millones, un 24% menos que en igual periodo de 2019. Las importaciones también cayeron un 29% significando una disminución de $us 2.509 millones.

Efecto. Según la CNI, producto de la pandemia del Covid-19 en 2020 (a septiembre) se experimentó una caída de la tasa del crecimiento del PIB industrial del -11,9% cuando en 2019 llegó al 3,19%, una reducción del 15%. La mayor crisis económica industrial de los últimos 40 años.




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