7 de julio de 2023, 4:00 AM
7 de julio de 2023, 4:00 AM


Como lo señalaba en el artículo del pasado viernes, la ráfaga informativa es tan grande, que ya nada nos sorprende y hasta las mayores estupideces pasan desapercibidas porque llega otra -aún más grande-, y nos hace olvidar la anterior. La “fatiga de asombro” no nos permite percibir y procesar, adecuadamente, las sandeces y majaderías de nuestros gobernantes de turno.

Este fin de semana, disfrutando de la hospitalidad y las delicias culinarias de unos amigos, que hablaban entusiasmados de la vida y travesuras de sus mascotas -perros y gatos-, me acordé de las declaraciones del viceministro de Defensa al Consumidor del Estado Plurinacional de Bolivia que, cuando la línea aérea bandera perdió un gato -el famoso Tito-, informó que “desde el Ministerio de Justicia se había contratado a una comunicadora interespecies”, para ayudar a encontrar al minino perdido.

Antes que nada, copio algo que escribí en mi Diario de Pandemia, y que conviene repetir aquí: “Con el tema de los animales y lo políticamente correcto, tengo algunas dificultades. Hasta hace poco, siempre que me preguntaban si me gustan los animales o si tengo alguna mascota en casa, mi respuesta era, quizás, descortés, pero muy sincera: ‘…no, no tengo, apenas puedo con los seres humanos’. Para evitar malos entendidos y que no crean que soy un cazador furtivo o un aburrido pescador (no recuerdo haber tenido, ni siquiera una honda, menos un anzuelo), he dejado la segunda parte de mi habitual respuesta para este diario -que leerán pocos-, y quizás, me comprendan”.

Volviendo a la contratación de la experta interespecies, hice mucha investigación de campo (preguntando a veterinarios y dueños de mascotas); y exploración bibliográfica en diversas fuentes (incluso, consultándole a mi clarividente amiga de Inteligencia Artificial, ChatGPT), y las respuestas contradicen las acciones que, supuestamente, se hicieron por los responsables de la búsqueda del micifuz: Hasta donde se sabe científicamente, “no se ha demostrado que sea posible tener una comunicación verbal o lingüística compleja con los animales. Aunque algunos animales pueden comunicarse entre sí a través de señales vocales, gestos y comportamientos específicos, la capacidad de los humanos para entender y comunicarse de manera efectiva con otras especies no está comprobada”.

Existen personas que se dedican al estudio del comportamiento animal y la comunicación con ellos (etólogos). Estos profesionales pueden observar y comprender los patrones de comunicación no verbal, así como interpretar su lenguaje corporal y vocalizaciones para descifrar mejor necesidades, emociones y comportamientos. Sin embargo, esto se basa principalmente en la observación y la interpretación de señales, y no en una comunicación verbal directa. Aunque podemos establecer una conexión emocional con los animales, “no se ha demostrado científicamente que existan personas capaces de una comunicación verbal o lingüística completa con animales en el sentido humano”.

Resumiendo, el viceministro nos la charló. Ni siquiera la comunicación telepática, con los animales, tiene respaldo de la ciencia. Pero, como estoy intentado sorprenderme y maravillarme frente a lo desconocido, me he preguntado cosas más triviales: Si no hay evidencia científica, ¿es válido que un órgano oficial del Estado gaste dinero público (nuestra plata) consultando adivinos y sacasuertes?; tomando en cuenta lo enmarañado que es el reglamento para la contratación de obras, bienes y servicios, ¿qué modalidad usaron?, ¿licitación pública, contratación menor por comparación de precios, contratación por excepción?; ¿cómo fue el asiento contable para costear los servicios de la lingüista interespecies? Pagaría, lo que fuera, por leer la glosa de ese asiento.

¡Qué paisaje más bello el nuestro!

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