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Víctor Berdeja, vecino del barrio Urbari, es uno de los miles de habitantes de Santa Cruz de la Sierra que tiene que lidiar con la contaminación acústica. Asegura que desde noviembre del año pasado se encuentra movilizado junto a un grupo de 20 vecinos para que la Alcaldía controle el funcionamiento de un salón de eventos en inmediaciones de sus residencias. Como esta queja son varias las que llegan a la Dirección General de Medio Ambiente de la Alcaldía cruceña, donde se tiene un registro de cuatro a cinco denuncias por semana.

El responsable de dicha repartición, Ruddy Valverde, recordó que la ordenanza municipal 056/2007 regula lo que viene a ser la contaminación acústica y agregó que debido a los operativos que realizan se tiene abiertos varios procesos, sobre todo con locales que tienen funcionamiento nocturno. “Se han regulado a algunos, sancionado a otros y también hemos llegado a clausurar temporal y definitivamente”, explicó.

Según la ordenanza municipal, las multas pecuniarias van desde los Bs 1.000 hasta los Bs 8.000, dependiendo si es un predio privado, una actividad económica o una industrial, “porque no solamente vamos a boliches, también vamos a denuncias que nos llegan de construcciones que, de alguna u otra forma, emiten ruidos molestos”, señaló Valverde.

Los decibeles permitidos según la normativa dependen del horario. De 08:00 a 20:00 es 70 decibeles y a partir de las 20:00 el máximo que se permite es de 65.

Sobre las denuncias, agregó el director de Medio Ambiente que no están focalizadas en una sola zona, como por ejemplo dentro del primer anillo, sino que también se han atendido llamados de los 15 distritos municipales. El número de teléfono que habilitó la comuna para recibir estas llamadas es el 800-12 5700.

Eterno problema

El arquitecto Guido Landívar, representante de la Asociación de Propietarios del Centro (APC), manifestó que hace un par de semanas realizó un recorrido por el centro histórico cruceño donde evidenció que la contaminación acústica ha sobrepasado los límites permitidos molestando así a los vecinos. “Son estridentes y se escucha en las calles. Este es un problema muy complicado porque nosotros no podemos ir en contra de esos boliches porque quizás es el único ingreso que tienen los propietarios del inmueble al alquilarlo como local”, explicó.

Sobre la ordenanza municipal que regula el funcionamiento de estas actividades económicas dijo que nadie la cumple y además es “obsoleta”, por lo tanto, se debería volver a hacer otra normativa con un reglamento especial que regule el funcionamiento de estos boliches, teniendo como ejemplo las leyes que se tienen en otros países de la región.

“Hemos venido solicitando al municipio una nueva ley para el uso de espacios públicos y es por ahí que se debe comenzar porque mientras no tengamos una nueva norma y se ejerza la autoridad como se debe no solo se va a tener problemas con el sonido sino también con el espacio público”.

Además, lamentó que la gran mayoría de los locales que tiene el centro histórico cruceño no cuenta con los tres permisos que otorga la comuna para que estos funcionen. “Esto siempre queda en evidencia cuando las autoridades realizan una redada”, acotó.

Sin control

Por otro lado, el concejal por Comunidad Autonómica (C-A), José Alberti, ve que las normativas no se están cumpliendo y señaló dos locales, uno ubicado sobre el cuarto anillo y radial 10 y el otro en la avenida Beni entre sexto y séptimo anillo, quienes han sido los más denunciados en los últimos meses.

Agregó que se tiene que controlar la apertura de locales que se encuentran a pocos metros de hospitales y unidades educativas. “Existen zonas donde está permitido un determinado nivel de decibeles, pero hay lugares como cerca a una clínica o un colegio donde no se puede poner un boliche o un salón de eventos”, dijo el edil.

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