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¿Por qué Evo debería ser el candidato del MAS, si Luis Arce tiene mejores posibilidades?

El resultado de Morales en la elección de 2019, según el conteo de Vía Ciencia (única empresa autorizada por el TSE), fue 43,9%. El 2020, Luis Arce ganó la Presidencia con el 55,11%. Arce tuvo un 11,2% más de apoyo que Morales. ¿Por qué Evo no pudo y Arce sí? Evo perdió credibilidad, el capital más preciado de un político.

Morales tuvo la capacidad política de encarnar y vender la inclusión indígena como pocos en la historia, acompañado de la fortuna de precios extraordinarios de las materias primas, cimentó una década dorada que posibilitó construir una narrativa potente, un nuevo orden simbólico, que permitió reproducir el poder del MAS. Pero tanto poder embriaga y Evo, desde 2015, perdió gran parte de esa lucidez y comenzó a perder terreno.

¿Pero qué es y dejó de ser Evo en las emociones de los electores? Evo proyectó en su primera década de gobierno la imagen de líder indígena, humilde, sencillo y luchador incansable por la inclusión social. Pero sus escándalos, acciones autoritarias y sus formas de administrar el poder carcomieron la imagen labrada.

El caso Zapata, el 21F y la acusación de fraude proyectaron la más pobre versión de Evo, potenciada por las redes sociales, el peor terreno del expresidente. Para parte del electorado, es percibido como autoritario, abusivo y corrupto, situación muy difícil de revertir. Por eso, su estrategia para traccionar esos votos ya no será apelar a los afectos como en el pasado, sino a los miedos y a los resentimientos.

Si el 2022 fuera la elección, los negativos de Morales son los más altos de la historia, su credibilidad está en su peor momento y su posibilidad de crecer es muy baja; en contraste con Arce, que no tiene tantos negativos, puede mejorar su credibilidad y con eso subir su techo. La vacunación es su gran logro de gestión. Si la candidatura del MAS la definiera un profesional de la consultoría política, el candidato por mucho debiese ser Luis Arce. Morales sabe que Choquehuanca entiende esto, que implica salvar al MAS del propio Evo, algo así como un enroque para salvar al proceso de cambio; eso explica la arremetida salvaje contra David. ¿Qué posición final tomará Arce? El nuevo gabinete nos dará algunas pistas.

El MAS está empezando a vaciarse de contenido y Evo lo sabe, por eso, ahora propone una nueva revolución, planteando reformar la Constitución y así recuperar la iniciativa política. Morales es el dueño del partido y controla la mayoría de los movimientos sociales; pero no entiende por completo el nuevo contexto, las nuevas causas. El covid-19 cambió el mundo y la política, abrió la necesidad de líderes más empáticos, humanos y solidarios. Él es un peleador, así ganó, es la única fórmula que conoce y no está dispuesto a cambiar, ese es su error estructural.

La gran mayoría de masistas respetan y respaldan a Morales, pero luego de 15 años de gobierno, son más amigos del poder. Si Morales llega al 2024 sin expectativas reales, la puñalada vendrá de adentro.

El encuadre electoral se instalará en la capacidad de superar la crisis económica que dejará el covid y llevar a Bolivia a la modernidad en un nuevo siglo, pero también se centrará en las formas de administrar el poder y la capacidad de reconciliar a la nación. Ingresar a la tercera centuria de la patria con medio país perseguido, no es buena estrategia.

Los escenarios posibles. Si el MAS va unido con Arce, será una elección muy difícil; el único adversario potable es una fórmula de centro, que dispute el voto blando del masismo y polarice. Si el candidato es Morales, la elección es menos compleja, con una buena campaña, el voto blando del masismo, menos radical, puede migrar a alternativas de centro, que promuevan continuar con la inclusión social, pero lejos del autoritarismo y la confrontación. Si por algún motivo Arce y Morales se presentan en fórmulas distintas, esta sería una elección abierta, un gran escenario para la oposición, que mejora si hay unidad en torno a la candidatura moderada. Arce-Morales, como Fernández y Fernández en Argentina, sería una jugada magistral, jaque a David. Pero el mejor escenario para el masismo, es que exista una sola fórmula, ya sea Morales o Arce y que al frente, el arco de la oposición esté liderado por los actores de la derecha tradicional; de partida, la elección estaría definida. Por eso al MAS le interesa tanto polarizar con determinados líderes, que sube al cuadrilátero, porque sabe que son y serán presa fácil.

Hay dos hechos que marcarán la política boliviana. La nominación masista 2025, que tiene cierre inesperado, por los grandes intereses que representa liderar un país. La segunda, la posibilidad de articular una alternativa opositora de centro, que le robe las banderas al proceso de cambio, represente y encarne el mundo popular, que desde las emociones genere una causa y proponga el 2025, año del bicentenario, un gran proceso de reconciliación nacional, antagónico con la confrontación reinante; y lo más importante de todo, que en ese contexto convierta la elección en un gran referéndum emocional. Debe señalar el fin del evismo, no así del proceso de cambio, con una clase empresarial y política oriental que se adscriba a esta nueva corriente política de centro y que abrace los avances que concibe el mundo andino occidental, lejos de proyectos radicales, inviables en el actual contexto nacional.

La elección en 2025 será una de las más importantes de este siglo, por el Bicentenario y por el momento de inflexión. El MAS dividido y por primera vez confrontado, pese a ello, los únicos con algo serio sobre la mesa. La oposición, con los extremos liderando, a pedir de boca del oficialismo, el bloque de centro con posibilidades, todavía no termina de nacer.

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