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Entre las muchas desavenencias que tenemos en el amplio territorio boliviano, las diferencias geográficas tan contrapuestas también generan diferencias en la mentalidad de los ciudadanos que, sin entrar a la elucubración constitucional de 42 nacionalidades, sí existen tres diferencias notorias, claras e innegables entre los habitantes del occidente, con montañas, frío y un sacrificio evidente ante la dureza de la naturaleza; los habitantes de los valles, con zonas templadas, presencia de un verde en la naturaleza, que da sus frutos obtenidos con menos rudeza que en el altiplano y, finalmente, los habitantes de los llanos orientales, con una pródiga naturaleza y un clima que permite las actividades de producción agropecuaria en dimensiones que superan a la mentalidad andina y de los valles.

Esas diferencias geográficas también han influido directamente en el tipo de producción de cada región, es así que en el occidente boliviano desde tiempos inmemoriales tenían como meta obtener la mayor cantidad de riqueza en el menor tiempo posible y, con la interminable riqueza de los productos minerales, formaron su tipo de trabajo y producción en el sistema netamente extractivista y así lo vienen haciendo hasta ahora.

En cambio, en el oriente boliviano, obviamente con una naturaleza y medioambiente muy diferente, se formó el pensamiento desde aquellos que tenían que abrir caminos y senderos, fundar villorrios y procurarse su propia alimentación, y se sacrificaban personalmente, lo que creó otro tipo de mentalidad como producto del esfuerzo. Y como en un artículo anterior decía (El Deber, Los Tiempos y Hoy Bolivia 09/2019): rápidamente se dieron cuenta de que el reino de Candire no era de oro y joyas, sino que era la naturaleza misma a la que se debe trabajar y con esfuerzo obtener la verdadera riqueza, que son los frutos de la tierra, es decir El Dorado somos todos y se dieron cuenta que El Dorado no había sido dorado, sino verde de naturaleza y esperanza.

Otro aspecto que ha llamado la atención en todos los medios internacionales, que, durante la pandemia desde sus inicios, ha sido la actividad agroindustrial la que ha seguido manteniendo sus niveles ante la caída de todos los otros componentes del PIB. Los diferentes análisis demuestran con absoluta claridad la importancia de la agroindustria, la seguridad alimentaria, el suministro de biocombustibles. Añadiéndose a la agroindustria que es una actividad en la que la tecnología desarrollada permite que la producción rural tenga un alto rendimiento en varios cultivos agrícolas.

Bolivia no ha sido la excepción, hasta fines del año 2021 en el PIB los productos tradicionales, especialmente los hidrocarburos, eran quienes tenían el mayor porcentaje de exportación hasta que a fines de ese mismo año las exportaciones de productos no tradicionales, agroindustriales con valor agregado superaron los ingresos de los hidrocarburos.

Como señalan los agroindustriales, hay una realidad incontrastable, se puede dejar de hacer minería, se puede no extraer hidrocarburos, no tener turismo o disminuir las actividades en la construcción, pero, lo que no puede dejar de hacerse es comer y alimentarse. La actividad agroindustrial es la única que, a pesar de la grave crisis de la pandemia, sigue creciendo y es una salida, la principal, para enfrentar la crisis que no va a desaparecer en el futuro próximo.

Santa Cruz tiene la mentalidad de que, con el esfuerzo conjunto de todos sus pobladores, vinieran de donde vinieran, en el oriente boliviano se forma una concepción productiva de la riqueza, a la que además se da valor agregado en beneficio de todo el conjunto de Bolivia, sin egoísmos ni mezquindades, ahora tan mal interpretada.

Era cuestión de tiempo que se produzca esa situación.

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