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Sí. Absolutamente sí, eso somos. No en vano el meme que versa ‘Narco Estado Plurinacional de Bolivia’ deja en evidencia la sabiduría popular que se las huele y sin que nadie les dé más pistas, saben que el narcotráfico se campea en las calles, villas y, desde su epicentro, Chapare, sus tentáculos se extienden dejando un reguero de jóvenes hipnotizados por el dinero fácil, a choferes de camión, de buses, de minibuses, de transportistas interprovinciales e interdepartamentales, llevando la carga de los narcos, a su suerte, de pilotos, muchachos que adoban la droga, con sus sellos distintivos de cada narco, en cadenas de producción montadas en Chapare. Es una generación perdida que ven el dinero fácil, la vida de lujos que pueden tener. Son atajos tentadores. Para qué estudiar una carrera. Para qué ser un emprendedor. Para qué trabajar con dignidad. Para qué pagar impuestos. Para qué ser honesto, moral. ¿Para qué? Ser narco es rentable en el cortísimo plazo. Ser corrupto es acceder a vehículos, casas y vacaciones en la playa. ¿Para qué ser ético?

Somos un Estado Plurinacional corrupto y narcotizado. El último índice anticorrupción anual realizado por la ONG Transparencia Internacional, que califica a los países según el nivel de percepción de la corrupción en el sector público, ubica a Bolivia en el puesto 129, después de Azerbaiyán y por encima de Kenia. Allí abajo de la lista. En el sótano. Somos un Estado Plurinacional corrupto. Con todas sus letras.

Como lectura global, el informe destaca que la lucha contra la corrupción se encuentra “estancada en un entorno de abusos a los derechos humanos y deterioro de la democracia”. El 86% de los países evaluados no mostró ningún progreso en los últimos diez años y 154 países han sufrido un deterioro o no han avanzado sustancialmente. Y Bolivia está dentro de este club indeseable.

Durante el 2021, la Felcn y el Ministerio Público realizaron 565 actos de destrucción de drogas ilegales, un 21% más que en 2020 cuando se efectuaron 467 actos. En 2021, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc, por su sigla en inglés) participó en 213 actos de destrucción de drogas ilegales, equivalentes a un 38% del total de actos realizados.

En el mismo año, la Felcn, conjuntamente con el Ministerio Público, secuestraron 18,2 toneladas de cocaína (10,9 t de cocaína base y 7,3 t de clorhidrato de cocaína). Asimismo, secuestraron 9,8 t de marihuana para expendio. Son cifras que el Estado Plurinacional las presenta con el pecho inflado y orgullosos de dicha labor cuando en realidad es una vergüenza que en Bolivia se produzca cada año tantas toneladas de droga de manera indiscriminada. Ya no son solo kilos de pasta base. Ahora en Chapare, se cultiva hoja de coca, se produce pasta base, se la cristaliza y luego se exporta a Brasil y Estados Unidos toneladas de la droga manufacturada. Y hasta con sello incluido como marca de origen. Y ni siquiera sabemos el nivel de tráfico de precursores químicos.

La Felcn y sus unidades no investigan, no realizan operaciones serias y eficientes de lucha contra el narcotráfico. Estos efectivos literalmente se tropiezan con las fábricas de droga. Se topan con camiones mal estacionados abarrotados con droga, con precursores. Su esfuerzo es mínimo. Hasta la fecha no hay ninguna noticia que informe sobre la detención de narcos operando en esas fábricas. Solo detienen al bagazo. Al empleado de base. Al chofer del narco que calladito y con la cabeza gacha entra entre rejas a la espera del pago de la fianza para su salida. Llegan a las fábricas caminando.

Los sicarios andan a sus anchas. Cada semana hay un ajuste de cuentas. ¿Acaso estamos retrocediendo a los ochenta cuando el narco y la delincuencia arreglaban sus diferencias a punta de balazos en las calles y plazas?

La cereza en todo este desmadre es que los últimos tres generales, durante el Gobierno de Evo Morales, designados como comandantes de lucha contra el narcotráfico, fueron destituidos y encarcelados por su relación con el narco. Y ahora, vemos a un coronel involucrado en actos de narcotráfico y cuando es presentado por el propio ministro de Gobierno en una conferencia de prensa, en una acción completamente insultante, el coronel amenaza a la autoridad en su cara y delante de la prensa. Y lo hace porque sabe que tiene poder. Influencia dentro de la Policía, de las esferas políticas. Porque sabe que tiene mucha información. Porque sabe que es poderoso. Y, ojo, está detenido gracias a una investigación de la DEA. No porque se lo estaba investigando.

Nuevamente, se tropezaron con el coronel. Si no, ahora estaría feliz moviendo su droga. Incluso hasta el comandante nacional de la Policía, casi con lágrimas en los ojos, lamentó la situación de su amigo y colega de armas. Cuando en realidad debería estar molestísimo por manchar a su institución. Cuando debería estar furioso porque en su institución el narco los ha perforado. Pero no. Acá se trata de amigos. De imbéciles que no supieron evadir a la DEA y se hicieron pescar. Así que, sí amable lector: somos un narco y corrupto Estado Plurinacional.

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