Opinión

EDICIÓN IMPRESA

¡Es la democracia, estúpido!

5 de enero de 2020, 3:00 AM
5 de enero de 2020, 3:00 AM

La idea del título la tomo de la frase, “impacto” de la campaña electoral del año 1992 (es la economía, estúpido) espetada por Bill Clinton a George H. W. Bush (padre), ganada por Clinton, en Estados Unidos; creo que a Evo Morales le está siendo cada vez más difícil entender la diferencia entre “la” realidad y “su” realidad y es bueno recordárselo, porque aún hay unos cuantos (cada vez menos) que revolotean alrededor del él, allá fuera de nuestras fronteras y a esos hay que ponerles las cosas en contexto para que no se confundan y no perjudiquen el proceso transitorio boliviano.

Dice Morales que “la OEA” no pudo probar el fraude y que hay expertos que no creen que haya habido fraude y que está escribiendo a la fundación Carter, entre otras. pero, que “si hubiera fraude serían “unas doscientas” y tantas actas, que, sin ellas, él igual “ganaría en primera vuelta” y eso es lo que hay que ponerlo en el nivel que corresponde, comenzando por decir: ¡Es la democracia, estúpido! Fraude hubo, en todo el proceso, pre, durante y poselectoral, lo probaron la OEA, la UE, informes locales, de instituciones e individuales y, además de ello es conveniente aclarar que el fraude es uno, que no hay “niveles de fraude”, como para que se acuda a ese argumento tan tonto.

Para ponerlo en lenguaje que parece que Morales entiende, voy al ejemplo deportivo y digo que es como si en una competencia deportiva a uno de los competidores se le detecte dopaje, no le van a preguntar cuánto consumió ni para qué se usó; en ese caso hubo dopaje y el competidor será excluido de las competencias a partir de ese momento y se lo sancionará posteriormente; la historia de los juegos deportivos está llena de eso… la historia de la democracia boliviana dirá, más adelante, que en el Gobierno de Evo Morales, candidato ilegal y, además oficialista, dos empresas informáticas y el TSE, conspiraron contra la normalidad del acto electoral y, manipularon “de comienzo a fin” el sistema, con el objetivo de hacer ganador a Evo Morales; esa historia ya se escribió, solo falta pasarla en limpio y mejorar los mecanismos de control electoral para que a nadie se le ocurra, de nuevo, semejante barbaridad; creo que se comenzó bien, por lo menos es creíble la conformación del OEP (TSE).

Segundo tema: Morales se victimiza argumentando que salió del gobierno por un “golpe de Estado”, y al mismo tiempo reconoce su renuncia; la que vimos todos por el que, hasta entonces, era “su canal de TV”, el oficial y oficialista Bolivia TV- 7, que de a poco va volviendo a ser del Estado y no de un partido político. Morales dice: “ni un muerto a bala” antes de su salida… verdad a medias es mentira completa: cuando ese señor decidió huir, ya había en el país cuatro muertos, los cuatro de gente que reclamaba democracia y protestaba por el fraude, fueron dos en Montero (Barrio Cofadena) uno en Cochabamba, (asesinado por huestes masistas) y otro en el camino entre Potosí y Oruro (víctima de un francotirador). ¿La característica de estos hechos? Los espacios fueron liberados a los militantes armados masistas, por el ministro Carlos Romero que dejó que las turbas actúen a sus anchas, instruyendo a la Policía que no aparezca por esos lugares, eso, además de ausencia de Estado, es terrorismo y debe ser responsabilidad del funcionario público (ojalá alguna vez actúe la justicia para reparar estos hechos).

Después de la renuncia (y de instrucciones concretas de sembrar violencia por diversos métodos, de parte del mismísimo Morales) hubo muertos, evidentemente y esos casos deben ser esclarecidos en su totalidad, desde los que fueron asesinados de muy cerca (a veces los que huyen buscan muertos propios para justificar su huida y su derrota) como los que recibieron disparos a distancia; no se trata de “tapar” nada, se trata de llegar a la verdad de los hechos; la CIDH mandará comisión imparcial este mes.

El golpe de Estado se hace con militares en las calles, en este caso no los hubo; no solo se negaron a salir a reprimir (Octubre negro está en sus memorias) sino que, de acuerdo a su propio orden interno, “sugirieron” (está entre sus atribuciones) al presidente, que renuncie. No le pusieron un arma en el pecho, no lo rodearon de madrugada, lo hicieron ante las cámaras de TV y lo hizo el comandante en jefe, en observancia del Art 20 b, LOFA, es decir, todo fue institucionalmente cumplido. Por su parte, la Policía amotinada, se pasó al lado de los que reclamaban democracia (algo parecido al motín de febrero negro, por derechos propios, en ese entonces, aplaudida por el MAS) y protestaban contra el fraude.

Entiéndase que un golpe de Estado termina siempre, con un militar en el poder, en este caso, estuvimos 50 horas sin presidente y nadie se atribuyó ese “derecho”… simplemente, después de otras renuncias en el Senado, doña Jeanine Áñez, asumió la responsabilidad constitucional de gobernar, y ahí está ahora: haciéndolo.

Es que, no hay qué hacerle, si no te da el tari… no te queda otra que entender que … ¡es la democracia, estúpido!

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