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1 de febrero de 2024, 3:00 AM
1 de febrero de 2024, 3:00 AM

La gobernanza es definida como un cambio de paradigma en las relaciones administrativas, propiciando la adopción de políticas públicas con la participación de distintos. En una buena gobernanza son identificados como elementos fundamentales la transparencia, la integridad, la legalidad, las políticas sólidas de participación, la rendición de cuentas, la capacidad de respuesta, así como la ausencia de corrupción y de otros delitos. Santa Cruz necesita imperiosamente de una gobernanza de la calidad antes descrita. Más aún después de un tiempo largo de incertidumbre e inestabilidad.

Una buena gobernanza es la que también requieren las 15 provincias y los 56 municipios del departamento más grande, poblado y gravitante del país. Del mismo modo, la demanda corresponde al ciudadano de a pie, hastiado de conflictos y azorado por el distanciamiento entre las principales autoridades regionales y un ostensible debilitamiento institucional que está socavando, desde sus cimientos, la unidad de los cruceños y cuya solidez, históricamente, les permitió hacer frente y resistir a los más fuertes vendavales.

El gobernador en suplencia Mario Aguilera Cirbián acaba de iniciar una gestión compleja y de futuro incierto, fundamentalmente por una serie de inopinados desencuentros con el gobernador Luis Fernando Camacho, secuestrado y privado de su libertad en el penal de Chonchocoro, a más de mil kilómetros de distancia en la fría y agreste altiplanicie andina. Un ‘reencuentro’ entre ambos podría terminar con el cortocircuito de sus relaciones y ahuyentar a agoreros y atizadores de la conflictividad. Aguilera, durante su discurso de posesión, dijo estar dispuesto a visitar a Camacho en su reclusorio después de algunos intentos fallidos. Las circunstancias imponen, además, la necesidad de ‘tejer acuerdos’ que le permitan tener gobernabilidad para llevar adelante su gestión, tomando en cuenta que no encabeza ninguna de las agrupaciones políticas que conforman la Asamblea Legislativa Departamental (ALD).

 Aguilera fue jefe de campaña de Camacho y con la misma votación que obtuvo el gobernador, se convirtió en vicegobernador, en el segundo de a bordo en la gobernación de Santa Cruz. La suplencia suya, admitida a regañadientes en la ALD, debió ser de mero trámite. Pero hicieron ebullición y prevalecieron rispideces, desconfianzas, golpes bajos y antojadizas elucubraciones como las que hasta relacionaron el acto de posesión bajo un supuesto ‘estado de sitio,’  entorpeciendo así la vuelta de la máxima instancia del gobierno departamental a un cauce de normalidad.

Mientras Aguilera termina de realizar ajustes en su equipo de trabajo, es oportuno dejar en claro que la suya es una gestión de continuidad al frente de la Gobernación. Un informe oficial refiere que en los dos años que correspondieron al periodo de Camacho, se efectuó una ejecución presupuestaria del 85% , equivalente a más de Bs 300 millones entre 2020 y 2021 cuando se registró un crecimiento poblacional superior a los 4 millones en el departamento, según estudio técnico del Instituto Cruceño de Estadística realizado en provincias y municipios de Santa Cruz. Bajo el lema de “Se hace gestión trabajando”, fueron implementados proyectos de electrificación rural, la construcción de puentes y caminos. También se deja constancia de la atención de requerimientos en las áreas de salud y educación, entre otros.

Para enderezar el rumbo, la buena gobernanza que requiere con urgencia Santa Cruz en una coyuntura especial, no solo está en manos del gobernador en suplencia y cuya gestión, de hecho desafiante y compleja, no debe convertirse en carrera sembrada de obstáculos. Por el contrario, en vez de meter palos a la rueda de la bicicleta, hay que impulsar esa gestión para que la meta sea alcanzada. Si Aguilera hace buena letra todo el tiempo que dure como ‘suplente’ al frente de la Gobernación, ganará Santa Cruz. Ganarán los cruceños y las cruceñas. Ganará también el país por golpe de efecto.

No hay dónde perderse. El interés supremo que representa la región y su gente buena debe prevalecer sobre desavenencias, enconos, mezquindades, diferencias políticas o de cualquier otro tipo.

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