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Me estaba volviendo homofóbico”, dice Pedro (nombre ficticio).

Desde niño supo que le atraían las personas de su mismo sexo, pero se negaba a aceptarlo y empezó a llenarse de rencor cada vez que detectaba a un gay. Recién a los 25 años empezó a dejar de luchar con su propio yo, y a serenarse.

Hoy su familia sabe sobre su orientación sexual, conoce a su pareja y la acepta, pero Pedro no logra dar muestras de cariño en público, dice que teme ocasionar problemas a los suyos, y que las habladurías lastimen a los de su entorno.

No menciona su preferencia con todo el mundo, pero asegura que si alguien le pregunta sobre esta, responde con la verdad. Al estilo de Juan Gabriel, para Pedro, lo que se ve no se pregunta.

Miguel (nombre ficticio), es un personaje conocido en Santa Cruz, sin embargo, si le piden una entrevista, duda demasiado. Se ha negado a menudo.

No me gusta que en las redes sociales de los medios hay muchos perfiles falsos que comentan disparates. Mi preocupación es que escriban alguna barbaridad sobre mí y que mis padres y mi abuela, que están en Facebook, lean esos mensajes y se sientan mal. Hay cosas que mejoraron, pero otras no han cambiado mucho”, lamentó.

Para Julio César Aguilera, sicólogo y activista, más bien es necesario visibilizar lo que no se ve para lograr grupos más empoderados.

“Es cierto que nadie tendría que andar diciendo ‘soy extraterrestre, marciano o gay, pero si no se habla, no se visibiliza a los que hemos vivido la violencia, la homofobia y la discriminación. Lo hablamos porque sabemos que hay muchos que lo viven y muchos se matan. Tenemos un alto índice de suicidios, pero eso no se muestra en toda su magnitud”, aseveró.

Con él coincide Alberto Moscoso, director de la Asociación Civil de Desarrollo Social y Promoción Cultural (Adesproc Libertad). Cree que es necesario hacer presencia política con el cuerpo, o una marcha, incluso de quienes nunca se sintieron discriminados.

El día del orgullo gay tiene que ser la reivindicación por la coexistencia en una sociedad, cualquiera que fuese, porque es una comunidad alta e históricamente invisibilizada, pero que con el tiempo, y por líderes y lideresas ha tomado mayor protagonismo respecto a la defensa de los derechos humanos, al equilibrio social y equidad en la configuración de derechos y normativas favorables para su población”, argumentó.

Mejoras parciales

Los testimonios confirman lo que dice un estudio de la organización Oxfam, financiado por el Gobierno de Canadá, titulado Valores que guían a los jóvenes en sus relaciones de pareja y respecto a la violencia machista, y realizado a jóvenes de entre 15 y 28 años de los municipios en los municipios La Paz, El Alto, Viacha, Cochabamba, Colcapirhua, Pailón y Santa Cruz de la Sierra.

De las siete ciudades que fueron objeto de estudio, La Paz (sin El Alto) fue la más progresista de las investigadas; El Alto y Santa Cruz las más conservadoras. “Los varones son más conservadores y patriarcales que las mujeres”, dice una de las conclusiones.

El trabajo hizo una comparación con un estudio similar realizado en 2016, dando como resultado hallazgos cualitativos y cuantitativos. Entre ellos se destaca que 5 de cada 10 jóvenes mantienen ideas conservadoras y promueven actitudes machistas, y que el 43% expresa valores machistas.

Otro dato es que el 47% de los jóvenes expresa una postura homofóbica. La investigación dice que les incomoda ver a dos hombres besarse, rechazan la educación sobre homosexualidad y el matrimonio igualitario, y creen que la homosexualidad es causada por traumas en la niñez. El 56% manifiesta un índice alto de ideas fundamentalistas.

Y aunque los avances no son contundentes, la investigación de Oxfam concluyó que sí se produjo una leve mejoría cultural, con más jóvenes algo más distantes de las creencias y actitudes que justifican la violencia machista; “sin embargo, la mentalidad de la mayoría de los bolivianos, incluyendo a los jóvenes, es profundamente conservadora”.

Vulnerabilidad trans

El Movimiento Trans Feminista Bolivia hizo un diagnóstico de la situación de la población trans femenina que ejerce el trabajo sexual en Bolivia, bajo la coyuntura impuesta por la pandemia.

El levantamiento de la información se realizó entre octubre y diciembre de 2020, en los nueve departamentos. La mayoría de las encuestadas estaban entre los 30 y 32 años; en segundo lugar, el rango 24-26, y el minoritario, de 39 a 41. El 58% se identificó como transgénero, el 28% como transexual, y el 14% como travesti. El 67% proviene del área urbana, y el resto del área rural. El 61% no cuenta con una cédula de identidad que refleje su género.

La mayoría de ellas tuvo relaciones sexuales por primera vez en dos rangos, 12-14 y 15-17 años. Una buena parte recibió dinero a cambio de sexo por primera vez, cuando tenía 17-19, y 14-16 años. El tercer lugar lo ocupa el grupo de 11-13 años. El 39% sufrió abuso sexual antes de ejercer el trabajo sexual.

Durante la época más dura de la pandemia, más del 40% fue víctima de violencia de parte de sus clientes, luego de policías y militares, y de los vecinos, después, también de los dueños de casa y de alojamientos.

Más del 60% ejerce el trabajo sexual por necesidad económica, después, casi a la par, por dificultad para conseguir otra fuente de ingresos, y por maltrato en el hogar familiar. La mayoría anuncia sus servicios a través de las redes sociales. Casi la mitad no cuenta con carnet sanitario.

Para el 60% de las encuestadas la vida cambió mucho debido a la irrupción de la pandemia, incluso se les incrementó el costo de los moteles. En muchos casos, con menos ingresos, tuvieron que irse a vivir con compañeras, ya que fueron expulsadas por los dueños de la casa donde alquilaban; otras regresaron al hogar familiar. Para el 82% los ingresos disminuyeron, y el 8% dijo que no tuvo ingresos.

Las que tuvieron ingresos alternativos, en su mayoría los consiguieron con la venta de comida, después con la venta de barbijos y de utensilios de limpieza.

El 47% vive en un cuarto alquilado o en anticrético, en pareja o en grupo. El 46% cree que su situación con respecto a la vivienda empeoró con la pandemia debido a que no podían pagar alquiler, tampoco servicios básicos y a que podían ser echadas de la casa.

No se necesita ‘dorar la píldora’, una parte de las compañeras -el más arruinado- regresó por un tiempo a la casa de la familia, pero eso no ha sido gratis. La gente se aprovechó de que con la Covid-19 tienes miedo de enfermarte y morir sola. Hay que darse cuenta de que nunca serás la hija pródiga”, dijo una de las encuestadas.

En el periodo de confinamiento rígido, más del 50% de la población trans femenina que ejerce el trabajo sexual tuvo como fuente de ingresos los bonos y las canastas familiares. Un 10% no contaba con cédula de identidad para el cobro de estos bonos.

El principal problema para estas mujeres trans, sobre el 35%, era el miedo a ser arrestadas por ejercer el trabajo en confinamiento. Otros temores eran a ser víctimas de robo y de discriminación de parte de los clientes, de policías, militares, y de no acceder a condones.

El 79% de ellas tuvo que cobrar menos dinero por el ejercicio del trabajo sexual en el momento más duro de la pandemia. “Lo que ganabas por el trabajo clandestino durante la pandemia era una miseria. La gente se quedó casi sin dinero y nosotras también necesitábamos comer y pagar alquileres. No quedaba más que trabajar por poco y en condiciones lamentables”, dijo una de ellas.

La investigación confirmó que la mayoría de la población trans encuestada no tiene acceso a un estudio médico con regularidad, especialmente porque le resulta caro, y también porque no cuenta con un seguro médico.

El 67% no se realizó chequeos en 2020 para saber si tenía enfermedades de base, que podrían afectar más frente a la Covid-19, y el 14% prefirió no responder.

De haberse enfermado con Covid-19, el 75% dijo que no habría buscado atención en los centros públicos de salud.

El año pasado, el 69% se sintió muy vulnerable ante el riesgo que implica la pandemia, 17% medianamente vulnerable, y 7% poco vulnerable.

Tanto para Aguilera como para Moscoso, las personas trans se llevan la peor parte de la discriminación, no solo en la pandemia. Según Moscoso, en el ámbito de la salud por los estigmas, un ejemplo, que cuando van a un centro de salud las catalogan como personas que buscan atención solo por Infecciones de Transmisión Sexual.

En lo educativo, Moscoso explicó que cuando empiezan a hablar de su identidad son echados a la calle a temprana edad. “En plena pandemia se dieron dos transfeminicidios en Santa Cruz, la ciudad más gay, pero la de más doble moral”, dijo Aguilera.

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