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23 de febrero de 2024, 4:00 AM
23 de febrero de 2024, 4:00 AM

Dmytro Kuleba y Josep Borrell

Kyiv.- El 24 de febrero de 2022, cuando Rusia introdujo cientos de miles de tropas en Ucrania, marcó el inicio de un gran terremoto geopolítico. Durante dos años, Europa ha vivido la cruda realidad de la mayor guerra de agresión del continente desde la Segunda Guerra Mundial, con atrocidades generalizadas y horripilantes.


Lo que está haciendo Rusia es un ejemplo clásico de agresión imperial y colonial al estilo del siglo XIX. Ucrania está soportando lo que muchos otros países han sufrido cruelmente en el pasado. Para Rusia, esta guerra nunca ha tenido que ver con la neutralidad de Ucrania, la ampliación de la OTAN, la protección de los ruso parlantes ni ningún otro pretexto inventado.


El presidente ruso Vladimir Putin ha afirmado en repetidas ocasiones que Ucrania no existe como nación y que la identidad ucraniana es artificial. La guerra consiste únicamente en aniquilar un país independiente, conquistar tierras y restablecer el dominio sobre un pueblo que decidió ser dueño de su propio destino. La ambición imperial de Rusia es sin duda familiar para muchas naciones de todo el mundo que anteriormente estuvieron sometidas al dominio colonial y a la opresión.


Las consecuencias de la agresión rusa contra Ucrania se han dejado sentir mucho más allá de Europa. La guerra ha afectado a la seguridad alimentaria y a los precios de la energía, y ha ido acompañada de campañas masivas de desinformación y desestabilización política.


Estas ondas de choque han sido verdaderamente globales. Putin está dando paso a un mundo cada vez más transaccional. Ha desplegado el Grupo Wagner en África, ha desestabilizado otros países mediante golpes de Estado y ha ejercido la coerción económica mediante la amenaza del hambre, ofreciendo grano que él mismo ha hecho escasear quemando sistemáticamente campos en Ucrania, atacando infraestructuras de almacenamiento y bloqueando importantes rutas marítimas de exportación.


Así pues, la guerra y sus consecuencias afectan a todos los países. Si Rusia se impusiera, enviaría un mensaje muy peligroso de que “la fuerza da la razón”. Todas las potencias agresivas del mundo se verían tentadas a seguir los pasos de Rusia.


Si al final la agresión es rentable, ¿por qué no iban a actuar en consecuencia todos los que tienen reclamaciones territoriales contra sus vecinos? Por eso a muchos países asiáticos, africanos y latinoamericanos les interesa que Ucrania gane la guerra.


En última instancia, esta guerra no es de “Occidente contra el resto”. Apoyar a Ucrania no es ser “prooccidental”. Se trata de rechazar la guerra y el terror.
Se trata de defender el principio de unas relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, y de apoyar el derecho de los ucranianos a la seguridad y la libertad. Ucrania y la Unión Europea comparten una visión de las relaciones internacionales en el siglo XXI que es exactamente opuesta a la de la Rusia de Putin. Nuestra visión se basa en el derecho internacional, el respeto y el beneficio mutuo, en lugar de la coacción, el soborno y el miedo.


Nadie tiene más interés que nosotros en poner fin rápidamente a esta guerra y devolver la paz a nuestro continente. Para lograrlo, Ucrania ha propuesto una fórmula de paz de diez puntos -que la UE apoya plenamente- que no sólo prevé el fin de las hostilidades, sino que también incluye propuestas para reforzar la seguridad alimentaria, la seguridad nuclear, la protección del medio ambiente, la seguridad energética, la justicia internacional, los derechos humanos y el respeto de la Carta de las Naciones Unidas.


Esta fórmula es la única propuesta de paz seria que hay sobre la mesa, y pedimos a todos los países comprometidos con la paz que se unan a nosotros para ponerla en práctica. Ucrania está organizando actualmente en Suiza una Cumbre Mundial por la Paz, y la UE apoya activamente este proceso. Líderes de todo el mundo trabajarán para llegar a un acuerdo sobre una visión común de una paz justa en Ucrania basada en la Carta de las Naciones Unidas. A continuación, se presentará a Rusia esta posición consolidada que representa a la mayoría mundial, sin dejarle otra opción que comprometerse de buena fe.


Cuando la guerra entra en su tercer año, nuestro mensaje es de resistencia frente a la agresión y el terror. No podemos permitir y no permitiremos que se recompense la agresión en el siglo XXI; por el contrario, nos movilizaremos contra ella. La única manera de lograr una paz justa es redoblar el apoyo a Ucrania. La UE ha hecho exactamente eso en los últimos meses, y está dispuesta a aumentar aún más la ayuda en 2024.


Nuestro objetivo común es garantizar que Ucrania pueda cambiar el curso de la guerra a su favor para que pueda alcanzarse una paz justa lo antes posible. El apoyo del mundo es crucial para lograr este resultado. A todos nos interesa que se respete el derecho internacional y que la cooperación sea la máxima prioridad. No debe haber un retorno al oscuro pasado de la agresión militar, el imperialismo y el colonialismo, ni en Europa ni en ninguna otra región.


* Dmytro Kuleba es Ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania. Josep Borrell es Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Vicepresidente de la Comisión Europea
(Columna originalmente publicada en https://www.project-syndicate.org)

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