21 de agosto de 2022, 4:00 AM
21 de agosto de 2022, 4:00 AM

Paracetamol, aspirina, anticoagulantes y otros están entre los medicamentos esenciales faltantes en la red municipal de salud. Si un anciano padece de presión alta y acude al centro de salud más cercano a su casa, puede que no encuentre una solución a su cuadro. Si lo derivan a un hospital de segundo nivel, tampoco recibirá las medicinas que requiere y su dolor seguirá y su vida estará en peligro. Hay carencia de medicinas y de insumos en los centros de salud de primer nivel y en los hospitales de segundo nivel; ambos dependen de la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra, a la cabeza de Jhonny Fernández.

Testimonios de médicos y enfermeras señalan que ellos deben proveerse de termómetros, tensiómetros y de otras herramientas esenciales para la atención de sus pacientes, porque no hay el reciclaje oportuno de las mismas.

El artículo 35 de la Constitución Política del Estado garantiza el derecho a la salud. Y el artículo 37 sostiene que es una prioridad financiera del Estado nacional. El nivel municipal de gobierno es responsable de los medicamentos e insumos en el primer y segundo nivel de atención sanitaria. Sin embargo, las cajas vacías de las farmacias y las listas de medicamentos faltantes ponen en evidencia que no hay compromiso de cumplimiento de la norma suprema nacional.

La respuesta del secretario municipal salud, Roberto Vargas, llegó desmintiendo las denuncias y afirmando que son políticas. Médicos y enfermeras dieron a conocer su verdad. Los mandiles blancos están en apuros otra vez, porque no tienen cómo cumplir con su vocación y con el juramento que hicieron de salvar vidas. Ven con impotencia cómo los pacientes pobres peregrinan de un lado a otro buscando medicamentos, y cómo terminan rendidos retornando a sus casas a soportar los dolores. Los que pueden, van a farmacias privadas y gastan de su bolsillo para aliviarse o, en casos extremos, para salvar su vida

Esta realidad demuestra que la salud es privada, que es mentira la obligación estatal de proteger el derecho a la prevención y curación de enfermedades; en suma, que todo está bien escrito, pero que en los hechos se vuelve papel mojado.

Por si fuera poco, los médicos Ruth Aguilera y Everth Patiño, dirigentes de Fesirmes, le contaron a EL DEBER Radio que quienes se atreven a denunciar y quienes abrieron las farmacias a los medios para demostrar las carencias, son acosados por las autoridades municipales, los amenazan porque no quieren que su voz sea escuchada.

Mientras eso ocurre en los centros de salud y en los hospitales, el alcalde discursea y dice que es del pueblo y que sirve a los pobres. Si así fuera, no habría gente doblada por el dolor peregrinando por paracetamol o para que le hagan un laboratorio cuando no hay ni medicinas ni reactivos. La coherencia debería hacer que se haga lo que se dice y que las autoridades palpen la realidad ahí donde acuden los más necesitados.

Los médicos hablan de incumplimiento de deberes, porque no es lógico que las licitaciones siempre terminen desiertas y que sea el pueblo el que pague por la ineficiencia de unos funcionarios y de una gestión.

Las denuncias pueden ser políticas o no. Si están poniendo en evidencia la falta de medicinas, están develando una situación que urge resolver. Nadie vive ni se cura con discursos, estos solo sirven para distraer y se caen cuando son palabras vacías.