27 de noviembre de 2023, 4:00 AM
27 de noviembre de 2023, 4:00 AM


Cuando caminamos por construcciones muy grandes, como los aeropuertos, generalmente pasamos desapercibidos un sinfín de detalles. Entre ellos, unas líneas en el piso con forma de canal de pocos centímetros de ancho que aparecen cada tanto, a veces con bordes metálicos y rellenados con un plástico blando, y que generalmente no van acorde con la decoración o que parecieran un descuido estético. Si uno sigue con la vista esa línea, descubrirá que se prolonga verticalmente incluso dividiendo columnas. Estas líneas que parecieran no tener sentido son las “juntas de dilatación”, que arquitectos e ingenieros estructuristas saben que son cruciales en proyectos de gran envergadura. Su objetivo es atenuar el peligro que conlleva la dilatación de los materiales por cambios de temperatura. Si no se colocan en los lugares precisos, surgen deformaciones y grietas, que pueden poner en riesgo la estabilidad de las construcciones.

Bolivia es comparable a una de estas estructuras monumentales con una gran extensión en kilómetros cuadrados y una población considerablemente distribuida en las ciudades de su eje troncal. Desde su nacimiento, el país ha sido administrado monolíticamente desde la sede de gobierno de turno; primero desde Sucre y luego desde La Paz.

 En sus casi 200 años la nación boliviana ha sufrido las consecuencias de esta centralización, el abandono de su población alejada de los centros políticos y económicos, con la pérdida de grandes extensiones de su territorio.

La propuesta federal es comparable con la colocación de “juntas de dilatación” ya trazadas entre los Departamentos. Es decir, se deberían otorgar la mayoría de las atribuciones que ahora mal administra el estado central, a cada una de las nueve partes en las que se divide. 

Imaginemos a cada Departamento realizando su propia planificación y la ejecución de sus proyectos orientados a la concepción de región que cada Departamento tenga de sí mismo, establecer su propia política de tierras en base a sus capacidades, planificar su educación y salud contextualizada, contar con una Policía Departamental, priorizar proyectos y programas, promover políticas de incentivo a todo tipo de actividad económica y organizarla según las necesidades de cada Departamento, manejar su recaudación de impuestos acorde a la planificación y vocación Departamental. Esto equivaldría justamente a repartir el peso de la administración y gestión pública de acuerdo a las capacidades y posibilidades del país en su conjunto, basándonos en la estructura ya existente de los nueve departamentos.
Gobernar de cerca es la única manera sostenible, eficaz de administrar, ya sea un almacén o un país. Una constatación real es el impacto conseguido a nivel Municipal con la Ley de Participación Popular que ha tenido tanto éxito. Ejemplos de gobiernos federales a nivel mundial, como Estados Unidos y Alemania, casi toda Europa, así como países sudamericanos vecinos demuestran su eficacia, en contraste con situaciones como la de Venezuela, que se autodenomina federal sin seguir los principios fundamentales de este sistema de gobierno. 

Urge colocar las “juntas de dilatación” donde corresponde en Bolivia. Ya que Al igual que en las grandes construcciones civiles, si no las implementamos en forma de descentralización real y efectiva, corremos el riesgo que el país se nos fracture por lugares que no deseamos.