21 de diciembre de 2021, 5:00 AM
21 de diciembre de 2021, 5:00 AM

No comparto el descentralismo llorón, el autonomismo quejumbroso que sufre con lo que nos han arrebatado o nos han quitado, y se lamenta porque lo que nos dieron, no es lo que queríamos… Se queja el débil y el atropello del bravucón termina cuando se le dice ¡basta! Las diferencias culturales deben ser complemento y enriquecimiento, y las realidades se construyen proponiendo narrativas e imaginarios. Aquí no hay espacio para caciques autoritarios que pretenden saberlo todo.

Cuando ponemos luces largas hacia atrás y hacia delante, comprobamos que todo lo alcanzado es parte de un proceso que, poniéndolo en contexto, adquiere otra dimensión y nos da la oportunidad de avanzar dialécticamente. Las trabas circunstanciales son eso, y el tiempo se encarga de mostrarlo. Creo que estamos en el momento para que el debate, gracias al conocimiento, la formación y la experiencia adquirida, nos ayude a dejar en evidencia que vamos construyendo un imaginario desde los territorios.

No tengo duda en afirmar que, si Andrés Ibáñez viviera en este momento, sería el presidente de los Estados Unidos Federales Bolivianos; esta afirmación se acompaña de una paradoja demostrable: el centralismo campesino y sindical que impuso Evo Morales, es quien más ha ayudado en la historia de Bolivia, sin quererlo, para avanzar en el federalismo. La imposibilidad de crear sociedad y Estado democrático teniendo el poder total y los recursos, y el intento violento de imponer una homogeneidad racial, cultural, ideológica y partidaria cuando lo que existe en Bolivia es diversidad, lo demuestran. La torpeza de la acción cometida en Potosí la semana pasada, es la última evidencia.

Bolivia va irremisiblemente hacia un modo federal de administración estatal a partir de hechos históricos verificables que, puestos en contexto, adquieren la calidad de secuencia. Desarrollo la reflexión sobre tres visiones complementarias, la histórica, constatando una relación de acontecimientos de carácter federal en la historia de Bolivia; sobre los avances positivos normativos y que se manifiestan en realidades territoriales, base del federalismo; y tres, sobre la realidad objetiva que evidencia estar frente a un modelo estatal que puede tener en el federalismo, la solución a los problemas territoriales de la sociedad y el Estado.

En algunas oportunidades la respuesta viene como reacción a las torpezas de los centralismos mentales que utilizan la represión para imponerse en los territorios; pero también de manera reflexiva, al cuestionar por qué tiene que ser La Paz la cárcel de todos los bolivianos, la justicia que se lleva las causas que necesitan ser controladas, los fiscales que intervienen en todos los departamentos, la decisión en dónde deben gastarse los recursos y distribuirse el desarrollo. Cada una de estas situaciones lacera la consciencia democrática de los ciudadanos que vivimos en los otros 8 departamentos.

Estamos frente a una oportunidad que nos exige cuestionar la imposibilidad material de sostener el proceso de desarrollo territorial desde el nivel central y únicamente a base de transferencias discrecionales; se hace imprescindible liberar las capacidades de la población productiva, transfiriendo competencias y capacidades para el Desarrollo Económico Local en todas sus manifestaciones, articulando asistencia técnica, economía y mercado. Estos instrumentos permitirán modificar una tendencia migratoria forzosa hacia las ciudades y al oriente, con abandono de territorios rurales del altiplano y los valles. Necesitamos definir incentivos y generar excedentes, la restitución inteligente de un fondo de equilibrios territoriales, y la transferencia de competencias para el desarrollo ligadas a las realidades de cada departamento.

Si empezamos por el turismo, por ejemplo, podremos iniciar el proceso de ajuste en los 9 departamentos de manera inmediata y simultánea.

Carlos Hugo Molina es Director de Innovación del CEPAD

Tags