Opinión

Francisco avanza contra la pederastia

20 de diciembre de 2019, 3:00 AM
20 de diciembre de 2019, 3:00 AM

El abuso sexual contra menores se ha transformado en un flagelo estructural en la Iglesia católica con efectos devastadores para miles de niños y niñas en todo el mundo. Hay que comprender que no se trata únicamente de la execrable conducta delictiva de miembros del clero, sino de un problema que afecta al conjunto de una institución milenaria en su labor pastoral.

Por esta razón, la decisión del papa Francisco de levantar el denominado “secreto pontificio” sobre los abusos sexuales al interior de la Iglesia es una medida histórica y fundamental para romper las redes de impunidad que amparan a quienes han atropellado los derechos fundamentales de los menores de edad.

El primer pontífice latinoamericano puso el combate contra los abusos sexuales en el catolicismo como una prioridad de su labor pastoral desde que comenzó su mandato en marzo de 2013. Señaló que sería implacable con aquellos malos pastores que abusaron de su poder en detrimento de la integridad física y psicológica de los menores edad.

Estableció una serie de medidas muy estrictas para atacar a los pederastas, llevar ante la justicia a los imputados y romper con los mecanismos institucionales que permiten la impunidad.

En una decisión igualmente histórica, el papa recibió a las víctimas de los abusos sexuales y a sus familiares y ordenó la destitución de obispos que ampararon a los delincuentes. Sin embargo, todas las medidas parecen insuficientes para enfrentar a un flagelo que ha desatado escándalos en Estados Unidos, Europa y varios países de América Latina.

A pesar de algunos casos muy sonados, como los de México, Chile y Argentina, América Latina es la región del mundo con una menor tasa de denuncias de abusos en el seno de la Iglesia, lo que debe llevar a la reflexión sobre los mecanismos y estrategias que utilizan los pederastas y sus encubridores para conseguir que las víctimas permanezcan calladas.

Diversos expertos resaltan que el abuso sexual de niños y adolescentes por parte de clérigos de la Iglesia católica es un problema mundial, porque las causas son las mismas en todas partes: el abuso de poder por parte de sacerdotes y obispos, la falta de transparencia y control, así como las ideas tradicionales y obsesivas sobre la sexualidad y el celibato.

Recordemos que un informe del Comité de los Derechos de la Infancia de la ONU demandó al Vaticano que adopte medidas más contundentes y efectivas contra el abuso de menores al interior de la Iglesia católica.

Alertó que hay decenas de miles de demandas que deben ser procesadas por las autoridades eclesiales sobre la base de que se trata de delitos penales que pueden quedar en la oscuridad de los pasillos eclesiales.

La mayor parte de los casos salpican las gestiones del papa Juan Pablo II (1978 y 2005) y Benedicto XVI (2005-2013), durante los cuales surgieron miles de casos de obispos y sacerdotes involucrados en abusos de menores en decenas de países del mundo.

Las personas que han sido afectadas por este tipo de atropellos deben contar con el apoyo y la protección de los diversos organismos del Estado para frenar la acción de los abusadores.

La Iglesia católica tendrá que revisar más a fondo algunas de sus instituciones más tradicionales que llevan a represiones absolutamente inhumanas y pueden promover este tipo de conductas delictivas. Ojalá el papa Francisco tenga el respaldo político suficiente al interior del Vaticano para continuar por esta senda de ajustes y cambios que permitan erradicar el flagelo de la pederastia.



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