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10 de enero de 2024, 3:00 AM
10 de enero de 2024, 3:00 AM

Eduardo F. Chumacero Carranza

Las escuelas, los colegios cumplen una  función muy valorada,  poco reconocida  y nada planificada. Esto parece una incongruencia. Me explico:  es muy valorada  por cuanto la sociedad en su conjunto desea que los niños  y los adolescentes asistan a los centros educativos.  A la mayor parte de la gente le interesa que  los estudiantes “vayan a clases” porque en la escuela  van a estar  atendidos y van a estar ocupados… es el  “segundo hogar”. Sin embargo esta función no es  reconocida porque queda oculta por la preocupación por el “avance  de materia”.

Los “niditos”, los jardines de infantes, las guarderías, los establecimientos preescolares”, acogen a los niños y también lo hace la escuela primaria y la escuela secundaria. El problema radica  en que esta función no está  planificada con la rigurosidad suficiente como para asegurar que niños y adolescentes reciban la educación que merecen como personas que están en proceso de formación de sus actitudes, de sus valores, de su manera de ser.

¿Cuáles las bases  en las que tendría que asentarse la función de acogida?

Debe haber  unidad de  criterios entre la familia y la escuela es decir, ambas tienen que decir lo mismo: si en la escuela se fomenta  el esfuerzo personal, la perseverancia, la limpieza, el orden, la puntualidad, el respeto;  pero en la familia se practica lo contrario,  entonces  hay  una contradicción que probablemente se resolverá  a favor de lo que se practica en la familia, y el trabajo escolar resultará totalmente inútil. 

Tiene que existir acuerdo en que  los valores tienen igual o mayor importancia formativa que el desarrollo de conocimientos. Lamentablemente  prima la importancia asignada al conocimiento y se  posterga la formación de la personalidad: hay mayor preocupación porque los niños aprendan matemáticas a que aprendan normas de convivencia y de respeto.

Necesidad de una planificación sistemática de la función de acogida.

Hay que trabajar  en el logro de  ambientes acogedores, libres de presiones y de miedos, donde los niños y adolescentes jueguen y aprendan jugando. Los   estudiantes tienen que sentirse contentos de ir a la escuela, de estar en el establecimiento educativo. Debe superarse totalmente la situación de aburrimiento, de obligación. El aprendizaje tiene que ser divertido, debe generar alegría y sorpresa

Los estudiantes tienen que ser reconocidos, deben sentirse importantes, tomados en cuenta,  respetados, queridos, atendidos. Deben recibir, por su buen comportamiento, mucho afecto, aprobación, aceptación. Que sus pequeños logros sean siempre tomados en cuenta. Debe incentivarse su curiosidad, su libertad  para expresar pensamientos y emociones en el marco de la solidaridad y el respeto.

Nada de esto  puede ser  dejado al azar, sino que la psicopedagogía y la  neurociencia tienen  que aplicarse sistemáticamente: dejar de ser sólo teoría y convertirse en práctica. 

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