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No se puede construir país desde el rencor y la venganza. Esos disparadores solo generan confrontación, frenan la economía y dejarán una Bolivia en ruinas. En las últimas semanas, el Gobierno deja huellas de tener un ala dura y un ala más blanda respecto a las políticas a seguir. Entre los radicales, claramente aparecen Evo Morales y Álvaro García Linera. 

El primero más impulsivo y el segundo se ve como quien diseña las estrategias para aplastar a quienes considera adversarios: la empresa privada y la clase media, pues a ninguno ha podido doblegar el masismo.

Álvaro García Linera fue entrevistado por la revista Jacobin y desnudó varias estrategias del MAS que Bolivia sufrió, como los bloqueos de agosto de 2020, cuando se impidió la llegada de oxígeno a los hospitales. Puso ese hecho como un ejemplo de lo que se debe reforzar cuando el ‘gobierno progresista’ como define al del MAS ‘se siente amenazado’. Además, afirma que la movilización social debe tener capacidad de ‘desplazamiento’ y de ‘cercamiento’, palabra que rápidamente trae a la memoria la orden de cercar las ciudades que dio Evo Morales cuando había un paro nacional en contra del fraude.

El ex vicepresidente de Bolivia explica “las lecciones aprendidas por su partido” después de noviembre de 2019: neutralizar a las clases medias (que él llama tradicionales) y sus mecanismos de organización, que no han sido perforados por el masismo (clubes, fraternidades, promociones de colegio, etc.). También ve imprescindible cambiar la composición de clase de las FFAA, algo que ya se está dando pues hay jóvenes cocaleros que están a punto de ascender a grado de capitán, a lo que suma el cambio de la estructura curricular para los militares.

En el caso de los empresarios, García Linera reconoce que, mientras “el Estado sea democrático”, el Gobierno debe convivir con estos, pero también asegura que el Estado debe acaparar más espacios económicos y convertirlos en monopolios, para “afectar” a las empresas, utilizando mecanismos tributarios, impositivos, de políticas fiscales, de inversiones “y llegado el caso, también de nacionalización”. En otras palabras, o se someten los privados o perderán lo que tienen porque el Estado se los arrebatará.
“Si estos sectores entran en una actitud conspirativa, hay que afectarlos. Revisa sus impuestos, mira sus propiedades, sus cuentas bancarias, tienes un menú de opciones de gobierno con las cuales atemperar y contener ese tipo de acciones”, dice con meridiana claridad.

Empero, algo ha cambiado, para García Linera ya no es la nacionalización o estatización el resultado final. Quizás la siguiente misión del MAS es indisponer a los trabajadores contra los empresarios, a fin de que los primeros exijan la expropiación de las industrias y otros negocios.
Lo que queda claro es que a García Linera y probablemente al MAS, que sigue a pie juntillas estas directrices, no les importa Bolivia ni el bienestar de los bolivianos; les importa tener el poder absoluto.

La oposición partidaria se ha quedado en la reacción, sin iniciativa. Mientras tanto, la sociedad civil está dispuesta a preservar la democracia, pero no le hace nada bien tener a radicales sin mirada estratégica contestando más de una manera impulsiva que razonada, como pasó la semana pasada.

El horizonte que se le plantea a Bolivia es oscuro porque ningún poder puede ser total sin aplastar las libertades individuales.
Qué lejos que están Evo Morales o Luis Arce de Nelson Mandela, quien decía y practicaba: “Si quieres hacer las paces con tu enemigo debes trabajar con él, entonces él se vuelve tu compañero”. Para el líder que cambió la historia de Sudáfrica “el propósito de la libertad, es crearla para otros”.

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