Opinión

Gobernar sin hacer campaña, una quimera

31 de enero de 2020, 3:00 AM
31 de enero de 2020, 3:00 AM

La hasta ahora corta gestión de la presidenta Jeanine Áñez ha tenido un accidentado recorrido en la conformación de su equipo de ministros. El primer cambio se produjo con la destitución de Jerjes Justiniano como ministro de la Presidencia, silla en la que permaneció por solo 21 días.

Y esta semana, apenas a dos meses y dos semanas de iniciado el nuevo Gobierno, se produjo la primera crisis general de gabinete que derivó en el relevo de tres ministros del gabinete, los de Educación, Desarrollo Rural y Comunicación.

Cuatro cambios en 75 días podrían señalar una imagen de cierta inestabilidad que no le hace bien a un gobierno transitorio llamado a dar certidumbres a la población.

De aquí en adelante, al Gobierno le quedan entre cinco y seis meses de gestión antes de entregar el mando a quien resulte elegido en los comicios del 3 de mayo. En ese tiempo, es probable que la gestión propiamente quede relegada a segundo plano por la participación de Áñez como candidata a la Presidencia.

En su mensaje de posesión de ministros el martes 28, la presidenta-candidata ha asegurado que separará la campaña de los usos de bienes del Estado. Se debe esperar, en consecuencia, que también el trabajo de los ministros estará abocado en este tiempo a hacer gestión y no a hacer campaña electoral.

La presidenta-candidata debe ser consciente de que cada uno de sus pasos y actos estarán vigilados por una opinión ciudadana cansada del abuso del poder como ocurrió en los recientes 14 años, y que por lo mismo no estará dispuesta a continuar aceptando esas prácticas deplorables no solo de uso de bienes y medios de comunicación del Estado al servicio de una campaña política, sino también de participación obligada de funcionarios en concentraciones proselitistas, de entregas de obras convertidas en actos proselitistas, o de declaraciones de ministros que correspondan más al terreno de la campaña que de la gestión de Gobierno.

La experiencia de los últimos años demuestra que uno de los casos sensibles es el uso del canal del Estado en transmisiones donde se camuflan las campañas y entrevistas extensas a mandatarios. Uso por lo demás paradójico, porque para nadie es desconocido que los niveles de audiencia del canal del Estado son tradicionalmente bajos.

Con relación a la promesa presidencial de hacer campaña solo en horarios libres y fines de semana, habrá que esperar con expectativa cómo se logra ese propósito considerando que un presidente tiene esa función y responsabilidad las 24 horas de cada uno de los siete días de la semana. No existe en el mundo un presidente de horario de oficina, así como no existe un padre de familia con horario asignado para ser tal y otro tiempo libre en que deja de serlo.

La experiencia boliviana reciente ha demostrado que la forma más efectiva de hacer política y permanecer en el poder, aunque no necesariamente la mejor y mucho menos desde el punto de vista del interés de los ciudadanos, es hacer campaña permanente desde el Gobierno.

El anterior presidente vivió en campaña constante durante 14 años, y con eso conseguía mantener en ebullición el fervor popular de sus adherentes. No es, ciertamente, el mejor ejemplo a seguir por la actual mandataria, y mucho menos en estos tiempos en que el electorado tiene un rol más activo en su potestad de decidir quién sí, y quién no.

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