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Gobierno acorralado, al borde de la crisis

Daniel Valverde 9/11/2019 03:00

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El mega conflicto electoral pos-20 de octubre, sus tensiones desbordantes al estilo montaña rusa, y eventuales escenarios de resolución se encuentran concentradas en la sede de gobierno. 

Presidentes de Comités Cívicos, representantes de organizaciones políticas y otros sectores, universitarios, grupos indígenas, sociedad civil o cocaleros de Yungas, tienen prácticamente acorralado al gobierno desde hace algunos días.

El gobierno ha venido imponiendo con fanatismo su error de no acatar el cumplimiento de los resultados del referéndum de 2016, para ello logró meter a su bolsa al TSE, provocando con estas acciones, una acumulación de malestar creciente en la población. 

Teniendo escasa zona de argumentación frente a su infame hazaña, no resulta extraño que opte por mostrarse inconmovible, o lanzar mensajes intimidantes de autoridades como el ministro de Defensa que muy suelto de cuerpo, advirtió que se podría contar muertos por docenas.

La crisis poselectoral está al borde de convertirse en una crisis general de gobierno. En primera instancia, tiene en el TSE, un órgano con una imagen hecha añicos, que amen de lloriqueos, no han podido justificar su actuación pecaminosa y burda luego de cerrada la votación. Es un interlocutor auto mutilado, y la renuncia de los vocales, es exigida desde los cuatro vientos. 

El Legislativo tampoco puede considerar salidas mientras no se alcancen acuerdos con los nuevos protagonistas.

Con la institucionalidad pública paralizada, incluida la judicial a raíz de las movilizaciones, las FFAA y Policía, cuestionadas y con evidentes síntomas de desacuerdos internos, están prácticamente neutralizadas.

A ello se suma la parálisis de actividades que tendrá fuerte impacto sobre la economía y el aparato productivo. Es decir estamos en el cuadro de fondo perfecto a una evidente crisis de gobierno y sin señales de diálogo que se enmarquen en las expectativas que se han ido progresivamente incrementando.

La auditoría que efectúa la OEA, es la única carta que el gobierno ha considerado. En su rol de observación, este organismo ya había advertido en un primer informe que como estaban los resultados planteados era mejor una segunda vuelta. 

Al no ser considerada esta recomendación, las demandas y expectativas han tomado otros rumbos, desde nuevas elecciones, renuncia al mandato, sucesión constitucional, sentencia anticipada de la CIDH, etc etc.

Una nuevas elecciones, serían un bálsamo para curar las heridas de nuestra democracia electoral. Eso sí, llevaría un debate largo sobre qué bases, tiempos y actores se efectuarían los comicios.

En política las señales son extraordinariamente importantes, el gobierno debe tomar la iniciativa y estar dispuesto a ceder. Reconocer errores, despojarse de insinuaciones maniqueas, medir las palabras, abrazar y despojarse de sectarismo, son aspectos que no practicó en 13 años de gobierno y lo tiene ahora acorralado. 

En esta situación de crisis, son habilidades que tendría que desarrollar. Una verdadera cirugía de ojo en la que actuarán cirujanos con poca o nula práctica, bajo retóricas encendidas y expectativas sobredimensionadas. Sería bueno que la cirugía la hagan sosegados y con ayuda, los excesos e imprudencias pueden dejarnos sin ojos.



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