Opinión

Hacemos historia

14 de noviembre de 2019, 3:00 AM
14 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Los que aún recordamos la caída del MNR en 1964 (así sea como ráfagas de hechos puntuales), la expulsión del poder de los militares en 1982, el derrocamiento de la coalición MNR-MIR-ADN-NFR en 2003, la sucesión de acontecimientos entre el lunes 21 de octubre y el martes 12 de noviembre ha sido sorprendente, pero tiene precedentes..

Transcurrieron tres años entre el principio del fin y el derrocamiento del régimen: de 1961, cuando el MNR reformó inconstitucionalmente la Constitución Política del Estado (CPE) para que Víctor Paz Estenssoro pueda ser reelegido en forma continua, hasta el 4 de noviembre de 1964, en que fue derrocado por los militares y una amplia alianza político-sindical, pese a que en junio de ese año ganó las elecciones con alrededor del 80 por ciento de los votos (obviamente, fraude de por medio).

En 1978, luego de siete años de ejercicio dictatorial del poder por parte de Hugo Banzer Suárez (pero, 18 años desde que los militares dieron el golpe de 1964), se realizaron elecciones generales con un candidato oficialista cuyos impulsores y seguidores, para ganar por mayoría absoluta montaron un grosero fraude (muy parecido al que se ha registrado este año). Esas elecciones fueron anuladas y luego de un azaroso proceso, con cada vez mayor represión política por parte del estamento militar que no quería abandonar el poder, a los cuatro años recién se los pudo expulsar.

En la caída de la coalición MNR-MIR-ADN-NFR en 2003 hay varias opciones para calcular el tiempo que duró la transición. Una, entre febrero de ese año cuando se rebelaron los policías y hubo una movilización en cascada por la aprobación de un sistema impositivo progresivo (más justo para los que menos ganan, pero impuesto al fin) y octubre en que se derrocó al primer mandatario: ocho meses. La otra, estableciendo el inicio en enero-abril de 2000, cuando se desató la guerra del agua en Cochabamba, en cuyo caso el proceso duró tres años.

El proceso que concluye con la expulsión del MAS del poder también puede ser calculado de dos maneras. Una, fijando su origen en el referendo constitucional del 21 de febrero de 2016, cuando la ciudadanía rechazó modificar la CPE para legitimar una nueva candidatura del binomio del MAS y este martes 11 de noviembre: tres años y casi ocho meses. La segunda, desde el 21 de octubre en que se comienza a descubrir el grosero fraude electoral montado por el MAS para prorrogarse en el poder, y el martes 11 de noviembre en que fuga el binomio inconstitucional y asciende a la Presidencia de la República Jeanine Añez: 21 días.

En este recuento, hay una constante que reaviva la esperanza pese a todas las adversidades: la adhesión de la ciudadanía al sistema democrático que se constata, primero, por la alta participación en la votación; segundo, la impresionante movilización para defender su voto, esta vez con una clara y mayoritaria participación de jóvenes y mujeres; tercero, que salvo una excepción (cuándo no) en ningún momento se mencionó la posibilidad de salirse del marco constitucional.

Pero, también hay que anotar dos factores importantes. Uno, que los sectores radicales del MAS, en su obsesión ideológica autoritaria, han organizado grupos violentos de jóvenes que se sienten empoderados y pueden genera situaciones de violencia, sobre la base de grupos de productores de coca de Chapare, que son el principal sector social de apoyo militante al MAS.

Por otro lado, que los estamentos urbanos deben asumir que no es una consigna afirmar que los sectores indígenas y campesinos ingresaron a la arena política para no irse más, y dependerá de cómo el país logra asumir esta realidad, la construcción de una sociedad democrática.

En fin, si vemos en forma integral el lapso transcurrido entre 1964 y 2019, veremos que el país avanza, pese a circunstanciales momentos de regresión.

Es que, en definitiva, hacemos historia…



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