3 de marzo de 2023, 4:00 AM
3 de marzo de 2023, 4:00 AM

Nayib Bukele, el polémico presidente de El Salvador, exhibe como una obra estrella el llamado Centro de Confinamiento contra el Terrorismo, considerado como la cárcel más grande de Latinoamérica. En el recinto serán recluidos 40 mil privados de libertad que son exhibidos con la cabeza rapada, descalzos y en calzoncillos, en videos que difunden el Gobierno salvadoreño y el propio mandatario en su cuenta oficial de Twitter.

Las imágenes se asemejan mucho a los campos de concentración que en otros tiempos provocaron condena y rechazo de toda la comunidad internacional, pero que ahora le sirven a Bukele para mejorar sus índices de popularidad; eso junto a la anunciada realización de la próxima versión de Miss Universo en el pequeño y superpoblado país centroamericano. ¡Vaya paradoja!

¿Cuánto costó y cómo se construyó la cárcel que enorgullece a Bukele? Es información reservada. Ningún periodista ni medio independiente pudo visitar el lugar. Lo que se conoce es lo que el Gobierno difunde. Y según esa información oficial, los presos estarán incomunicados, dormirán hacinados sobre láminas de metal y por cada 50 prisioneros habrá un inodoro y un lavamanos.

En marzo de 2022, el Gobierno salvadoreño declaró un estado de excepción y lanzó la llamada guerra contra las pandillas. Desde entonces más de 64 mil sospechosos fueron arrestados sin orden judicial y suman decenas de denuncias de torturas y muertes de personas bajo custodia policial o militar, situación que provoca alarma en los organismos internacionales de derechos humanos.

La historia de la guerra contra las pandillas salvadoreñas tiene algunos entretelones oscuros que confirmaron dudas razonables sobre la verdadera vocación democrática de Bukele.

Todo inició en mayo de 2021 cuando la Asamblea Legislativa controlada por el oficialismo determinó la destitución de magistrados del Tribunal Constitucional, la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General de El Salvador, con lo que el Gobierno logró acumular y controlar todo el poder del Estado, sin independencia ni coordinación alguna.

En agosto de 2021, el periódico digital El Faro reveló detalles del caso “Catedral”, una investigación de la Fiscalía salvadoreña sobre negociaciones secretas entre el Gobierno y líderes de las tres principales pandillas salvadoreñas.

En el caso Catedral se acumularon evidencias -escuchas telefónicas, fotografías, videos, y libros de registros carcelarios- de acuerdos sobre disminución de penas, no extradición a Estados Unidos y otros beneficios a cambio de una disminución de la tasa de homicidios.

La investigación quedó trunca porque el Gobierno destituyó a los fiscales encargados y designó a funcionarios con evidente afinidad con el “bukelismo”. Sin embargo, la Fiscalía de Estados Unidos confirmó los pactos denunciados y presentó una acusación contra funcionarios salvadoreños que actuaron en representación gubernamental.

¿Hacia dónde camina El Salvador? Todo apunta a la consolidación de un gobierno autoritario encubierto por el voto popular, tal como ocurrió en otros casos. La apuesta de Bukele es radical: a mayor delincuencia, más cárceles, más detenciones y abusos impunes. Poco o nada de habla de cultura de paz o reconstrucción de los lazos en una sociedad golpeada primero por las guerrillas y después por las pandillas.

El Salvador transita por un sendero estrecho y oscuro de populismo radical y antidemocrático, aunque se usen los votos para camuflar los abusos.

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