19 de julio de 2023, 4:00 AM
19 de julio de 2023, 4:00 AM

Casi todos los países de América Latina han logrado que la Inversión Extranjera Directa (IED) tenga una curva ascendente en los últimos dos años (2021 y 2022), tras arrancar desde niveles bajísimos por efectos de la pandemia. Una de las excepciones ha sido Bolivia, que tuvo un despegue auspicioso en 2021 en inversión extranjera, pero que disminuyó notablemente el año pasado hasta convertirse en una desinversión de -26 millones de dólares. Así lo refleja un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Los países que lograron captar mayor cantidad de recursos externos fueron Brasil, con el 41% del total, y México, con el 17%. Luego le siguen Chile, Colombia, Argentina y Perú. Nótese que todos nuestros vecinos, con excepción de Paraguay, se han beneficiado de manera significativa con esta inyección de capitales privados, que han sido fundamentales para superar la recesión económica provocada por la pandemia. Para algunos analistas, Bolivia va a contramano de aquellos países, que en épocas de crisis hacen grandes esfuerzos para atraer las inversiones. 

Para ponerlo en un contexto más amplio, el Estado Plurinacional no ha sido una plaza atractiva para la inversión extranjera, porque su modelo económico tiene fuerte dependencia de la inversión estatal. De entrada, la Constitución Política, aprobada en 2009, establece que el Estado es el único que puede realizar actividades en los sectores estratégicos de la economía. Si a eso se le suman otras características del entorno para hacer negocios en Bolivia, tales como la falta de incentivos a la inversión privada, la inseguridad jurídica, las normas que estrangulan al sector formal y la inestabilidad política, queda en evidencia que el riesgo país es demasiado alto para atraer a los inversionistas.

La tendencia descendente de la IED del último año obedece, en gran medida, a una desinversión del sector petrolero. De hecho, una petrolera extranjera decidió finalizar la explotación de dos yacimientos, seis años antes de que terminara el contrato que mantenía con el país. Menos mal que otro sector tradicional, como la minería, tuvo un comportamiento positivo en materia de captación de capitales externos, logrando atenuar esa caída.

Las oportunidades perdidas en otros sectores, fuera de los tradicionales, también explican la incipiente presencia extranjera en la economía nacional. Según expertos, Bolivia debe atraer inversores en tres sectores productivos: tecnología, manufacturas y recursos naturales renovables. Sería un buen comienzo para recuperar terreno en un mundo que ya está inmerso en la cuarta revolución industrial de la robotización y la economía digital. Los países antes mencionados ya lo vienen haciendo desde hace tiempo, y gracias a sus políticas de apertura económica han logrado atraer a sus territorios a grandes empresas tecnológicas, que aportan con inversiones de gran magnitud.

Ha llegado el momento de que el Gobierno boliviano le dé mayor preponderancia a la inversión privada, tanto externa como interna. El impacto de estos flujos de capital trae grandes beneficios de largo plazo, generan un crecimiento real de la economía, así como empleos de calidad. El deterioro actual de los indicadores obliga al país a revisar su modelo.

Hay que dejar atrás el discurso antagónico que ha alejado a los emprendedores, y más bien se debe promover la creación de un entorno de mayor libertad económica con regulación inteligente. Al final de cuentas, son 190 países en todo el mundo que compiten por atraer capitales limitados, y los ganadores serán los que ofrecen las mejores condiciones para generar un beneficio para todas las partes involucradas. Sólo pierden los que no se suben al tren.

Tags