19 de marzo de 2023, 4:00 AM
19 de marzo de 2023, 4:00 AM


(O creerse) un genio hechicero del ande, que está seguro que su poncho va a cautivar al mundo por la multiplicidad de sus colores, o un despistado que no se da cuenta de que la cocaína está azotando el mundo, principalmente Europa y EEUU (pronto, Asia y África) y, consecuentemente, este es el peor momento para hablar “tan suelto de cuerpo”, de la “necesidad de despenalizar internacionalmente la hoja de coca”, como si la misma no fuera el elemento impulsor o primigenio de la cocaína (la coca contiene 14 alcaloides; el más importante: la ecgonina, que es el que da como resultado la cocaína; lo demás, es lo de menos). 

La semana que termina, Choquehuanca, aparentemente azuzado por Colombia, fue el encargado de hablar de las bondades de la hoja, en un “evento paralelo” a la reunión de la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas en Viena (Convención de Viena); ahí fue donde el vicepresidente explicó su iniciativa para levantar las restricciones internacionales al uso tradicional de la hoja de coca.

¿El nombre del evento? “La hoja de coca y el control de drogas de las Naciones Unidas. Reparar un error histórico” tuvo lugar el martes pasado, dentro del 66 período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes del organismo. 

Claro, Colombia no se iba a jugar y acudió a Choquehuanca para que, contra toda pertinencia de incluir un tema como ese en un momento tan complicado para la coca. ¿Complicado?, si, repárese que, de acuerdo al Informe Mundial sobre la Cocaína 2023 (https://news.un.org/es/story/2023/03/1519397) “el cultivo de coca se disparó un 35% de 2020 a 2021, una cifra récord y el aumento interanual más pronunciado desde 2016. El aumento se debe tanto a la expansión del cultivo de arbusto de coca como a las mejoras en el proceso de transformación de la hoja de coca en clorhidrato de cocaína”. 

En la misma publicación, dan cuenta que “las interceptaciones de cargamentos de cocaína por parte de las fuerzas del orden de todo el mundo también han aumentado considerablemente, y las incautaciones alcanzaron la cifra récord de casi 2.000 toneladas en 2021” (se calcula que se incauta un máximo de 15% de lo que produce).

Volvamos a la “Choquehuancada”: el vicepresidente abogó por “sacar la coca de las sustancias prohibidas por la ONU, reparando “un error histórico” cometido por NNUU, cometido el 1961 en la Convención de Viena de 1961 al incluir la coca en la lista uno de estupefacientes.

Digo, ¿en qué momento el factor ecgonina dejó de contener cocaína en su composición ? Porque sólo así para que aquello pueda ser reconsiderado en la lista y organización, si no… mientras esté en la hoja, las “virtudes del mismo” seguirán siendo un peligro. Así, la solicitud raya en lo absurdo.
En mi libro Coca, Territorio, Poder y Cocaína escribí: “Quienes inventan historias, montan relatos y construyen mitos, los usan con evidentes ventajas políticas; en el caso de la “hoja sagrada” le buscan un justificativo legendario y, aseguran que: “el Dios Sol creó la Coca para que los hombres venzan a la sed, al hambre y al cansancio”; suena mágico y mítico, por supuesto. 

Claro, están, por otro lado, los desmontadores de mitos que sostienen, desde el análisis político (filo-marxista) que la Coca fue el Instrumento de los Incas (deidad y mitología incluida) para asegurarse la explotación del vencido e incluso de su pueblo al que proveían hojas de coca con fines de “explotación laboral”.
“Dicen que eso fue (explotación) lo primero que encontró́ Francisco Pizarro cuando llegó al Perú́ en el año 1531 y se dedicó́ a hacer lo mismo: “Proveer coca a los vencidos” para que estos rindan más en su trabajo en la búsqueda de explotar más rápidamente las riquezas de la tierra y la minería, al punto tal de que la hoja se volvió́ incluso un instrumento de pago o remuneración a los indígenas”.
De manera que, el 1961, simplemente se trató de ordenar la cosa y, prohibir lo que con los años, pese a la interdicción, ha crecido considerablemente convirtiendo a la cocaína en “la reina de los estupefacientes”, reina que tiene a 3 países como los generadores de la misma: Colombia, Perú y Bolivia.

El año 2009, Evo Morales y el mismo David Choquehuanca pidieron permiso para que los bolivianos consuman coca (se droguen) en el territorio nacional y lo consiguieron; a tal punto que retornaron a la Convención de Viena.
Vuelvo al libro: en el discurso a favor o defensa de la hoja de coca se puede argumentar acerca de la tradición, de la historia, de la Pachamama, de los ritos, las tradiciones, de lo que guste el defensor de turno, pero, hay un hecho evidente: la cocaína en forma de alcaloide está en la hoja de coca, es decir, la hoja de coca contiene cocaína y, para reforzar el carácter político de esa defensa me voy a apoyar en las palabras del presidente Evo Morales, en enero del año 2013 (17/01/2013) en ocasión del retorno de nuestro país a la Convención Única de Estupefacientes de 1961, cuando aseguró:
“Hay que cumplir con algunos requisitos, que (los productos a exportar) no contengan ningún alcaloide, eso es parte de la industrialización (...). Ésa será la batalla que vamos a librar ahora”.- http://www.la-razon.com/seguridad_nacional/Morales-plantea-exportacion-derivados-alcaloides_0_1763223692.html
Nadie obligó a Morales a asumir el compromiso, unilateral, de “exportar productos sin alcaloides”, reconociendo la existencia de los mismos en su “estado natural”; aun así, nunca hizo absolutamente nada para cambiar la lógica político/económica del circuito “coca-cocaína” en nuestro país; muy por el contrario, los cultivos crecen y la cocaína logra producirse con menos coca, lo que significa que el narco-negocio hasta triplica su valor. 

En la citada Convención, el presidente Morales celebró que se admitiera que: “El Estado Plurinacional de Bolivia se reserva el derecho de permitir en su territorio la masticación tradicional de la hoja de coca, el consumo y uso de la coca en su estado natural para fines culturales y medicinales, como su uso en infusión, así como también el cultivo, el comercio y la posesión de la hoja de coca”; Choquehuanca, en octubre 2012, en Alemania: “No estamos planteando la despenalización a nivel internacional”, (lo que) “estamos planteando que con la reserva se acepte que los bolivianos dentro del territorio boliviano puedan seguir masticando la hoja de coca”. (https://boliviasol.wordpress.com/2012/10/19/encuentra-bolivia-receptividad-en-alemania-sobre-uso-de-hoja-de-coca/.

 ¿Qué cambió? ¿Por qué se pide semejante barbaridad en un momento como este? ¿Hay acaso un recule en algo? Reitero, la ecgonina sigue siendo el “disparador” de la cocaína, la fabricación es mucho más “eficiente”: con menos coca hay más “producto”; los cultivos crecen; Bolivia se distancia de Unodc y saca sus propios datos que no coinciden con los “oficiales” y los de EEUU; se incauta más en el mundo y en el territorio nacional, porque hay más “producto”, entonces, ¿por qué la solicitud?

¿Debemos pensar que hay un factor Petro, que nos pone como punta de lanza, porque Choquehuanca está, como mestizo de predominancia aimara, más consustanciado con la “ancestral hoja” que se usó como factor de explotación?
Alguien debe dar una explicación, porque esto no encaja, en ningún lado; Bolivia es, mal que nos pese, el proveedor de cocaína en el cono sudamericano; Brasil, Paraguay, Uruguay (indirectamente), Argentina, Chile y, ahora, hasta Perú reciben cocaína elaborada en factorías bolivianas.
¿Qué hay detrás de esto?