15 de julio de 2022, 4:00 AM
15 de julio de 2022, 4:00 AM

El Gobierno nacional, que se caracteriza por los discursos moralistas y ambientalistas en supuesta defensa de lo natural y orgánico, y a la vez en contra de los productos genéticamente modificados, trajo diez camiones cargados de maíz transgénico de Yacuiba o de Argentina para acopiarlo en los silos de la estatal Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) en San Pedro, norte cruceño.

Agricultores de la zona los descubrieron, hicieron pruebas de laboratorio a muestras de los diez camiones, determinaron que en todos ellos se llevaba maíz genéticamente modificado, y decidieron bloquear la carretera entre San Pedro y Montero en protesta porque a ellos no se les permite cultivar productos transgénicos, bajo amenaza incluso de procesarlos y de revertir las tierras.

El dirigente Eliazer Arellano se quejaba de que si el maíz es de Yacuiba, resultaría una injusticia que a esa región del país se le permita sembrar maíz transgénico y que en el norte no se les dé la misma oportunidad.

Choferes de los camiones informaron que la carga que traen proviene de una colonia menonita de la región del Chaco boliviano.

Y si el maíz fuera argentino -porque en ese país prácticamente el 100 por ciento de este grano es transgénico- igualmente se estaría vulnerando la norma boliviana.

El problema no es el uso del maíz genéticamente modificado, porque más bien los productores reclaman su uso para este y otros cultivos; el contrasentido radica en la incoherencia de un Gobierno que se opone a los productos genéticamente modificados, pero a la vez lleva maíz transgénico a los silos de Emapa.

Los productores tienen clara la diferencia: con biotecnología, una hectárea de maíz produciría 280 quintales del grano; sin biotecnología actualmente esos mismos productores apenas sacan 40 quintales por hectárea.

Los camiones encontrados en el norte cruceño no son los únicos que transportan maíz transgénico. Algo similar ocurrió a finales de junio pasado, cuando se descubrió que siete de diez camiones encontrados con maíz en el centro de acopio de Emapa en Mora también llevaban carga de esa naturaleza.

En aquella ocasión, Hilarión Sandóval, presidente de los productores de maíz de Muyupampa, Chuquisaca, denunció que el ingreso de grandes cantidades del grano argentino producidos con biotecnología afectaba a los que lo producen en la región del Chaco boliviano sin esa ventaja competitiva.

Ese dirigente decía que no se oponía al cultivo de grano genéticamente mejorado, pero que en ese caso el Gobierno debiera permitirles a todos usar esa tecnología, de manera que pudieran competir en igualdad de condiciones con los países vecinos, principalmente con Argentina, de donde ingresa maíz de contrabando al país para satisfacer la demanda interna, dado que la producción boliviana es insuficiente para la crianza de pollos y la ganadería porcina.

En los hechos, hay pequeños productores bolivianos que utilizan variedades de soya, maíz y algodón con semillas transgénicas no autorizadas, principalmente en el norte cruceño. Naturalmente, esos productores saben que legalmente esos cultivos están prohibidos, pero ellos lo hacen de manera discreta para mejorar el rendimiento de su producción.

Con la larga sequía que afecta a varias regiones del país y la crisis global de granos y otros factores, los productores bolivianos tienen condiciones adversas para producir alimentos y por eso demandan insistentemente que de una vez por todas el Gobierno autorice el uso de biotecnología. De esa manera el país dejaría de tener déficit en la producción de granos.

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