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A sus 74 años, Donald Trump logra uno de sus objetivos: no ser uno más en la historia de su país y del mundo occidental. Es el único presidente de Estados Unidos sometido a dos juicios políticos, termina su mandato solitario y peleado con el entorno que lo acompañó mientras gobernaba el país más poderoso del planeta. Y, por si fuera poco, acaba silenciado por las grandes redes sociales que habían sido sus aliadas para dirigirse a los estadounidenses, luego de pelear con los medios periodísticos casi de manera constante.

El miércoles es el día en que Donald Trump abandonará la Casa Blanca y hasta en el último instante de su mandato romperá las tradiciones. Partirá por la mañana fuera de Washington y no asistirá al juramento de Joe Biden como presidente número 46 de Estados Unidos. En el pasado, el presidente saliente le daba la bienvenida al entrante en la Casa Blanca y de ahí partían juntos al Pentágono para el juramento.

Eso no ocurrirá el miércoles 20 de enero; en lugar de Trump estará Mike Pence, el actual vicepresidente, quien, también distante del magnate, estuvo muy cerca de la turba que asaltó el Capitolio el pasado 6 de enero.

Ya antes de ese día, el número 2 de EEUU marcó distancia al no hacerse eco de las denuncias de fraude electoral que hacía el primer mandatario y haber refrendado los resultados electorales que le daban el triunfo a Biden. Durante los cuatro años, el vicepresidente mantuvo un rol casi anónimo del que no se salió hasta el final cuando rechazó la posibilidad de aplicar una enmienda constitucional que podía inhabilitar de inmediato a Trump como presidente.

Una posesión inusual

Unos 20.000 soldados rodean el perímetro que hay entre la Casa Blanca y el Capitolio. Se extreman medidas de seguridad porque hay amenazas de los radicales que apoyan a Trump y creen que de verdad hubo fraude electoral. El FBI y todas las agencias de seguridad están atentos a la que ha sido llamada “La marcha del millón de milicias” en la que se prevé que grupos de extrema derecha pretenderán generar caos.

La situación es tan insólita que hay vigilancia en los aeropuertos, AirBnB ha cancelado las reservas; las líneas de metro que circulan por el área central serán cerradas; los monumentos del contorno no permitirán visitantes. En suma, quien quiera ser testigo de la transmisión de mando deberá verla por streaming.

Hay calles y parqueos cerrados, bloques de cemento, alambre de púas alrededor del Pentágono y una vigilancia nunca antes vista.

El Washington Post reporta que ante las sanciones de Twitter, YouTube, Facebook y Snapchat a Donald Trump y a los líderes de estas agrupaciones radicales, la vía de comunicación ahora es la mensajería de aplicaciones como Telegram. Mientras los investigadores buscan frenéticamente a los cabecillas, se viven horas tensas en EEUU, lejos de la fiesta habitual que significaba la asunción de un nuevo presidente.

Solo y furioso

Cuando Donald Trump llegó al poder era agresivo con las palabras, mostraba determinación con medidas aunque fueran impopulares. En ese momento, su personalidad sumaba admiradores. Pero ahora el presidente de EEUU se quedó solo. Renunciaron sus cercanos colaboradores, peleó con su abogado (Ruddy Giulianni, exalcalde de Nueva York, cuando cayeron las torres gemelas) y no quiere pagarle sus honorarios porque Trump cree que es uno de los responsables de su caída.

De una manera inédita, las redes sociales más relevantes lo censuraron, aunque esa determinación fue recriminada por periodistas y gobernantes del planeta. Es así que Trump ya no puede escribir lo que le plazca y solo se ha pronunciado mediante videos grabados previamente.

De avanzar el juicio político contra Trump, la condena lo inhabilitaría para postularse nuevamente a la Presidencia de su país. Más allá de la censura actual, una sanción marcaría un hito en la historia de Estados Unidos y dejaría debilitado también al Partido Republicano que respaldó a Trump a lo largo de los últimos años y que ahora ha perdido la mayoría en la Cámara de Senadores.

Biden, camino cuesta arriba

Entretanto, el presidente electo Joe Biden ha tratado de mantenerse al margen del escándalo con el que Trump cierra su mandato. En cambio, anuncia un plan de 1,9 billones de dólares para recuperar la economía de su país, azotada tras la pandemia. Una de las aristas de este plan tiene que ver con la entrega directa de bonos de $us 1.400 a los estadounidenses. Esta propuesta debe ser aprobada por el Congreso, donde los republicanos ya expresaron sus reticencias.

Otro de los anuncios de Biden es la aplicación de 100 millones de vacunas en 100 días, una promesa maratónica a la luz del ritmo de inmunización aplicado en otros países del mundo.

Más allá de las acciones inmediatas, el nuevo mandatario gobernará en un clima enrarecido por la división que existe en la sociedad estadounidense. Donald Trump despertó a los demonios y los extremismos estarán entre los principales escollos a vencer por Joe Biden.

El mundo está atento a lo que ocurra con la que se mantenía como el símbolo de la democracia y la libertad, que ahora atraviesa una de sus peores crisis políticas.

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