Opinión

Huella de carbón y el referente caso danés

5 de febrero de 2023, 4:00 AM
5 de febrero de 2023, 4:00 AM

Ramiro Iturri

Los efectos del cambio climático pueden afectar significativamente el proceso productivo de una empresa y toda su cadena de valor.  A medida que los efectos desastrosos del cambio climático amenazan las cadenas de suministro globales y los resultados de las empresas privadas, y la opinión pública cambia a favor de la acción ambiental, se hace fundamental que los compromisos de países y organizaciones privadas, se alineen hacia una transición para realizar acciones que les permitan adaptarse a estos efectos y asegurar sus activos, los procesos productivos, mejorar su reputación y aumentar su competitividad en un mundo que cada vez adquiere más conciencia en lo climático.

El país nórdico se adelanta a la UE y busca reducir sus emisiones de carbono en 70% a 2030. El Parlamento danés aprobó un paquete de medidas para lograr la meta de reducción de emisiones más alta anunciada por un país hasta la fecha. Este paso transforma a Dinamarca en el país con la meta más ambiciosa anunciada hasta la fecha en esta materia.

Ante objetivos climáticos ambiciosos, por lo general la debilidad de una estrategia ambiental país, radica generalmente en los detalles técnicos de cómo las empresas pueden ayudar a alcanzarlos. Para resolver ello, la Confederación de la Industria Danesa (DI), que representa a 11,000 empresas privadas en el país, lanzó un denominado plan 2030 centrado en la sostenibilidad, planteando compromisos operativos que remodelan sus modelos comerciales para alinearse con los mandatos del gobierno en virtud del Acuerdo de París de 2016.

El plan exige que las empresas utilicen los recursos y la energía de manera más eficiente mientras hacen la transición a fuentes de energía renovables. Abogan por una tasa impositiva corporativa más baja para garantizar la competitividad, pero están abiertos a un pequeño aumento en el impuesto al carbono para incentivar una transición a las energías renovables. “Un impuesto al carbono es una de las estrategias más poderosas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero tiene un efecto limitado sobre la competitividad”.

Múltiples son los ejemplos respecto a la coherencia danesa con este compromiso social sostenible:

1) En una decisión País de impacto referencial, se anunció el fin de las exploraciones de petróleo y gas en el mar del Norte, previa cancelación de las convocatorias de licencias para empresas que buscan explotar hidrocarburos, a objeto de detener por completo la extracción de combustibles fósiles de aquí a 2050.

2) En 2018, el icónico conglomerado danés de juguetes Lego anunció que reemplazaría el plástico en sus bloques de colores brillantes característicos con un material más sostenible mientras se compromete con la neutralidad de carbono para 2030.

3) Por su parte la empresa naviera danesa de contenedores Maersk, también declaro que lograría ser neutral en carbono para 2050.

4) Foco en energías limpias: A grandes rasgos, considera iniciativas para fomentar la transición energética hacia una matriz de energías renovables, medidas para que la industria sea sustentable, recolección y tratamiento de basura, entre otras, lo que significará una reducción de 3,4 millones de toneladas de CO2 a 2030.

5) La construcción de dos islas energéticas eólicas, lo que contribuirá a la electrificación con energías renovables. En 2019, la generación de energía provenía en un 50% de eólica y el resto gas natural y carbón, pero con la proyección de un plan de descarbonización con energías renovables

6) Desarrollo del hidrógeno verde, donde al menos seis empresas importantes del país han hecho un compromiso para invertir en producir hidrógeno verde y utilizarlo, por ejemplo, en combustible para barcos. Aquí el Estado apoya el desarrollo tecnológico de la planta.

7) Ya en la dimensión Domestica, el plan contempla la renovación energética de las viviendas sociales y de edificios públicos. En detalle, se destinarán 500 millones de euros para reemplazar los calentadores a gas por bombas solares o centrales de calefacción verde.

Esta realidad expresa una muestra eficiente y sostenible de un compromiso real por atender uno de los objetivos más ambiciosos del mundo, al cual debemos sumarnos tarde o temprano como país.