Opinión

Humanizar la educación

5 de mayo de 2021, 5:00 AM
5 de mayo de 2021, 5:00 AM

“Humanizar la educación incorporando tecnología, como herramienta de aprendizaje, siempre que esta sea ética”, fue el mensaje motivante, provocador y reflexivo de César Bonna -considerado el mejor maestro de España-, dirigido a casi cinco mil internautas de 39 países que asistieron al II Foro Virtual Educa Desafíos de la Educación en una era digital, organizado por Unifranz. Según este académico, las ciencias aplicadas hoy en día no deben olvidarse del estudiante, que como ser humano, es el centro de la enseñanza; en consecuencia, cualquier plan de estudios tendrá que adecuarse al modo de vida de estos alumnos.

Por su parte, Francesc Pedró, director de la Iesalc (Unesco) sostiene que si bien esta pandemia de covid-19 provocó una pérdida de estudiantes en las aulas, particularmente de los más vulnerables, y ha evidenciado inequidad en el acceso a la tecnología y un fuerte impacto económico, esta situación abre cuatro ventanas de oportunidades: mejorar en todos los campos las capacidades de los docentes, quienes estaban casi desnudos para enfrentar la educación a distancia; avanzar en la hibridación, como el Blended Learning Experience (BLX), un modelo híbrido donde converge lo mejor de lo presencial y lo virtual, que hoy por hoy venimos utilizando; la democratización de la educación a distancia, al facilitar que gente adulta que trabaja pueda participar con aulas asincrónicas, y finalmente, haberse creado una mayor conciencia de cooperación internacional en investigación y desarrollo (I+D), para enfrentar desafíos planetarios, como el coronavirus, entre otros, que exigirán soluciones globales.

Mensajes como estos o que la educación es un derecho humano, que los recursos empleados en este campo como en la salud, no es un gasto ni un lastre, sino una inversión, pues no solo genera riqueza, sino que constituye una fuente inagotable de mayores investigaciones para enfrentar nuevos retos en las décadas siguientes y que sin accesibilidad al internet en estos tiempos no es posible, lo que la convierte también en un derecho humano del siglo XXI, fueron palabras claves de este cónclave mundial.

Xavier Aragay, consultor y asesor internacional nuestro de alto renombre, nos recordaba que la educación ya estaba en crisis antes de esta pandemia, pero que con ella la brecha se profundizó entre países. Este trance obligó primero a poner en ejecución una enseñanza remota de emergencia, ofreciendo cursos intensivos a profesores y estudiantes y muy pronto aprendimos a ver que existen décadas donde no pasa nada y semanas donde pasan como décadas.

Hoy se estima que el conocimiento humano, al menos en salud, se duplica cada 73 días, es decir, muchas de las profesiones actuales, dejarán de predominar en la próxima década en desmedro de otras nuevas. Sin embargo, apunta Aragay que para acompañar estos cambios, se necesita ejecutar otras acciones, no solo en el área pedagógica, tales como el desarrollo de una nueva cultura organizacional (teletrabajo), espacios de trabajo diferentes, métodos de aprendizajes distintos, etc. La solución que propone debe basarse en el perfil del egresado, para que sea creativo, crítico y competitivo, es decir, un profesional de talla mundial. Todo ello, conlleva audacia, liderazgo y equipo interdisciplinario. Así llegaremos a un sistema universitario híbrido y flexible, nos decía Aragay.

La realidad mundial prevé que la enseñanza a distancia llegó para quedarse. Por todas estas razones, Bolivia precisa una norma jurídica que legisle la educación virtual de la mejor manera, que no sea rígida -tomando en cuenta los avances tecnológicos tan acelerados-, donde estén involucrados, el estado, las empresas de telecomunicación, los padres, los colegios y las universidades con su cuerpo de docentes, asegurando además la accesibilidad al internet con banda ancha como la nueva autopista hacia el año 2030. En este caso, el Estado debe ser garante de favorecer el uso de este servicio.

Al igual que el pensamiento de Franklin D. Roosevelt, si bien no se puede construir el futuro de nuestra juventud, al menos preparemos a nuestros jóvenes para el mañana, que ya llegó.

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