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2 de abril de 2023, 6:00 AM
2 de abril de 2023, 6:00 AM

Carlos Guzmán Vedia


Con una vida a cuestas y la maleta llena de ilusiones, alrededor de 150 personas al día llegan a Santa Cruz para quedarse. Vienen desde todos los rincones del país y también de otras naciones, trayendo consigo sus experiencias, sueños y costumbres culturales que son vitales para la construcción cultural e identitaria de una metrópoli.

La ciudad se expande a los cuatro puntos cardinales atravesando municipios y provincias, en el mercado inmobiliario se están vendiendo lotes hasta Portachuelo, dando paso a un área metropolitana que tiene una oferta de 2 millones de terrenos para los próximos años. La explosión demográfica y diversidad migratoria no solamente reconfiguró la mancha urbana, sino que actualmente está moldeando el área metropolitana de la Gran Santa Cruz, o la nueva Bolivia; y es el área productiva más rendidora del país, donde se genera el 80% del PIB departamental, que equivale a más del 20% del PIB nacional (El Deber; 26-03)

Sin embargo, a pesar que existe el espacio físico disponible para su expansión, esta debe realizarse con la planificación adecuada para lograr patrones de convivencia que garanticen los derechos humanos, servicios básicos, sustentabilidad, y ante todo, administrar asentamientos que tengan el menor impacto a la naturaleza que rodea la capital, pues allí radican las fuentes de agua que nutren al área urbana.

Pero los avasallamientos, perforación indiscriminada de pozos de agua, desmontes ilegales a lo largo del cordón ecológico, basura y contaminación ambiental que se observa entre ciudades, deja  en evidencia la falta de planificación y control, no solo de la alcaldía cruceña en el manejo de sus residuos sólidos, sino también, de una Gobernación pasiva que recibe instrucciones remotas a mil kilómetros de distancia.

“Vos tambien querés casa bonita, ¿no?” le gritaba un avasallador de la propiedad Kim al periodista justificando su delito, evidenciando la falta de seguridad juridica en la zona. En el oeste, un grupo de vecinos exige la apertura de caminos y pozos de agua en un área protegida, demostrando los desencuentros entre los imaginarios urbanos de personas que aspiran no solo a un espacio físico, sino también, a comodidades urbanas de equipamiento y recreación que son escasaz en otras ciudades del país; áreas verdes, balnearios, centros de esparcimiento y abastecimiento.

Es fundamental volver a la planificación, una característica envidiada por los hacedores de políticas públicas del interior del país. Sin duda que la metrópolis cruceña será el rostro de la Bolivia del siglo XXI, no solo en lo económico, sino en las complejas dinámicas sociales y culturales que en este momento nutren una identidad en construcción.

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