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La llegada de Colón a América fue un error en muchos sentidos. El genovés creyó que había llegado a la India y, por ello, llamó indios a sus habitantes.

Como se sabe, indio es un gentilicio y así persiste, como primera acepción, en los diccionarios de la lengua española.

Como también se sabe, los europeos de los siglos XVI y XVII eran racistas en niveles patológicos, tanto que crearon un sistema de división de castas que llegó nada menos que a 16 resultados de mezclas entre blancos, indios y negros.

Debido a ese racismo, consideraban personas inferiores a quienes no eran blancos europeos. A los americanos, que siguieron -y siguen- llamando indios, los tenían abajo en sus escalas raciales y, por ello, el gentilicio indio, mutado históricamente en sustantivo, adquirió un sentido indigno.

Pero eran los europeos quienes usaban el gentilicio en sentido peyorativo y nuestros ancestros no tenían por qué seguirles la corriente, pero lo hicieron. Así, llegamos a tal punto que, en América, indio no es gentilicio, ni siquiera se lo considera sustantivo, sino un insulto, uno muy grueso. Por eso, si llamas indio a un nativo originario de América, este se ofende cuando, en realidad, debería sentirse orgulloso de serlo.

Debido a ese tipo de actitudes, se utiliza otro tipo de adjetivos para referirse a los nacidos en este continente: indígenas, originarios, naturales… en fin… cualquier cosa, menos indio.

Y lo mismo ocurre con el adjetivo campesino cuyo significado es “dicho de una persona que vive y trabaja de forma habitual en el campo”. En este caso, el adjetivo no se refiere a calidades de personas sino al lugar donde estas viven: si es en el campo, será campesino; si es en la ciudad, será citadino. Y existen también otras variantes como montañés, el que vive en las montañas; valluno, el que lo hace en los valles, costeño, en la costa, etc.

Por tanto, campesino no es insulto y utilizar el adjetivo no es discriminación.

Aparentemente, quienes no lo entienden son los masistas, y afines al MAS, que consideran que, cuando se usa el adjetivo campesino, se está insultando a una persona, se la denigra, se la discrimina.

Esa es la acusación que lanzaron contra el periódico El Potosí por el uso del adjetivo en el caso del joven Basilio Titi, muerto en los enfrentamientos del 9 de noviembre de 2021. Uno de los escribidores del MAS nos atacó por esa razón y, después, Sergio de la Zerda nos echó estiércol por haber titulado que su “historial educativo revela que Basilio Titi no era campesino”. El detalle es que este último hizo honor a su apellido al poner a la nota una intención que no tenía: “¿…por acceder a educación alguien deja de ser campesino?”. ¡NO! La noticia dice que Basilio no era campesino debido a que vivía en la ciudad, por razones de estudio. Si vivía en la ciudad, era citadino. Si yo me voy a vivir al campo, me convierto en campesino. Tan simple como dos y dos son cuatro.

Pero el MAS sigue manejando la retórica retrógrada de que condiciones tan dignas como la de un indio o campesino son ofensivas y usarlas es un insulto. Eso sí es discriminación. Peor aún: se llama racismo.

Juan José Toro Montoya es Periodista

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