Opinión

Infecciones hospitalarias: un azote brutal

El Deber logo
9 de enero de 2020, 3:00 AM
9 de enero de 2020, 3:00 AM

Edgar Suárez Salas

Es la peor pesadilla que se puede vivir: Ir al hospital y terminar peor. Ingresar por una simple molestia y salir acompañado de un párroco. Sin embargo, las infecciones asociadas al cuidado de la salud, como consecuencia directa de intervenciones médicas o quirúrgicas, o después del contacto con un centro sanitario, son habituales. 

La ciencia médica no descansa en su afán de prevenir y controlar este fenómeno devastador que ha cobrado muchas víctimas fatales, demostrando que uno de cada 15 pacientes hospitalarios fallece diariamente después de un largo sufrimiento.

Es un problema universal. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las infecciones nosocomiales (llamadas así porque son contraídas durante la estancia en un nosocomio o un medio hospitalario) ocurren en todos los países y, con preferencia, en aquellos cuya infraestructura sanitaria no llena las necesidades mínimas por su precariedad. Independientemente de su grado de desarrollo, representan una de las causas de muerte y de aumento de la morbilidad que afecta no solo las estadísticas sino el alma de las sociedades que siempre han confiado la recuperación de sus vidas a un galeno idóneo y responsable.

Las causas más comunes son las infecciones del tracto urinario, del área quirúrgica y enfermedades gastrointestinales, neumonía. Las provenientes del torrente sanguíneo, a menudo debido a objetos invasivos como catéteres venosos centrales (sondas que se introducen en un conducto natural). La carga estimada de las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria es mayor a la carga combinada de todas las demás. Los factores concausales se suman a estos peligrosos registros.

La adopción de medidas estrictas contra estas enfermedades es la piedra angular de la seguridad de los pacientes. Éstos acuden al hospital para ser tratados y mejorar. Si contraen una infección, su deterioro es realmente pronunciado. Menos infecciones significa en los hechos mejor tratamiento. Nadie puede imaginar mala praxis y menos negligencias deliberadas.

Tras el descubrimiento de la penicilina en 1928, los médicos empezaron a comprender mejor la propagación de las bacterias, aunque inicialmente miraron de reojo la importancia de la asepsia.

Hay un conjunto de medidas destinadas a impedir la aparición o la propagación de este tipo de enfermedades, por medio de la profilaxis. Lo primero es preguntar al médico o enfermera si se ha lavado las manos, una medida simple pero esencial para garantizar higiene y salubridad. 

En este punto, no dejo de recomendar a los pacientes sometidos a pruebas y tratamientos invasivos, a conocer los síntomas de la UTI, como dolor al orinar, orina turbia y otras molestias, así como signos de sepsis, fiebre breve, respiración rápida, náuseas o diarrea.

Extirpar este flagelo es uno de los rubros más acariciados por los Gobiernos que buscan implementar programas efectivos de educación sanitaria y seguridad hospitalaria.

Tags