1 de febrero de 2023, 4:00 AM
1 de febrero de 2023, 4:00 AM

Hoy comienzan las clases escolares en todo el país. Lo ideal sería que todo esté en orden, que el año lectivo se iniciara sin amenazas y sin crisis. Pero no es así. El Gobierno impone una nueva malla curricular y los maestros se oponen a aplicarla por falta de capacitación. En suma, la incertidumbre acompaña a un proceso que tendría que ser emocionante y motivador.

El Gobierno nacional anunció la aplicación de una nueva malla curricular para este año. El contenido incluye la enseñanza de Inglés, Ajedrez y Robótica. No son nuevas materias, sino lecciones en asignaturas ya establecidas. Se dictará el idioma inglés en la materia de Lenguaje; Robótica en la asignatura de Tecnología y Ajedrez en Educación Física.

Aún no se ha explicado cuál es la base de esa decisión, que, por cierto, no parece haber sido consensuada con los docentes, que son protagonistas esenciales del proceso educativo.

En las últimas horas, el ministro de Educación, Edgar Pari, refutó a los dirigentes de los maestros que rechazan estos cambios cuando dijo que hubo capacitación a más de 100.000 profesores, entre noviembre de 2022 y enero de 2023, sobre la nueva malla curricular y que la instrucción seguirá después del inicio de clases.  Esos cursos de actualización fueron virtuales y con una duración aproximada de dos meses para cada grupo.

Un referente para la educación mundial es el sistema de Finlandia, donde ser maestro es una de las más caras aspiraciones de un ciudadano; no cualquiera lo logra, porque los postulantes a la docencia deben tener las más altas calificaciones y mantener el estándar. ¿Qué diría el ministro de Educación de este país al saber que en Bolivia bastan dos meses para habilitar a un maestro como experto en Robótica, capaz de brindar conocimientos competitivos a niños y a jóvenes?

Entre los argumentos de las autoridades educativas de Bolivia está que ya hay docentes enseñando Robótica y que incluso llevaron a sus estudiantes a participar de certámenes internacionales con excelentes resultados, lo cual es cierto y habrá que preguntar a estos profesionales de la educación cuánto tiempo y dinero invirtieron para alcanzar esos niveles académicos.

La educación en Bolivia debe ser tratada con mayor responsabilidad y no dejar a la improvisación lo que pasará en el nuevo año escolar.

Bajo el argumento de la “descolonización”, en Bolivia se suprimieron las evaluaciones nacionales e internacionales al sistema educativo. Ya el año pasado se reportaba que, como efecto de la pandemia, muchos estudiantes tenían un retraso educativo en relación al nivel que deberían tener. ¿Cómo se resuelve este problema? ¿O seguimos creyendo que todo va bien, mientras tenemos los ojos vendados?

Quizás para las autoridades nacionales se cumple la tarea en la medida que se adoctrina al estudiantado con contenidos que sesgan la historia, que hablan de golpe de Estado, pero no de fraude; de gobierno de facto, pero no de renuncia del presidente Evo Morales.

El sistema educativo nacional puede estar mal o bien, pero nadie lo sabe, porque el gobierno se rehúsa a ser evaluado por expertos de experiencia internacional; ni hablar de saber si los bachilleres bolivianos tienen menor, igual o mejor condición que los de naciones de la región. Nunca se aplicó una prueba Pisa en el país, como se lo ha hecho en Argentina, Uruguay y otros vecinos nuestros.

Formar de manera adecuada a los niños y adolescentes no es una tarea cualquiera, sino que debería ser la máxima responsabilidad del Estado, ya que una sociedad logra superar el atraso, la corrupción y todos sus problemas, en la medida en que los estándares sociales de educación son mayores.

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