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30 de enero de 2024, 3:00 AM
30 de enero de 2024, 3:00 AM

La violencia de género no es un tema nuevo y más bien ha ido agravándose a medida que pasa el tiempo. Las diferentes publicaciones sobre los casos que se presentan y que son de conocimiento público, nos muestran que 7 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia de genero tipificada en la Ley N° 348.

Desde el año 2015 hasta julio 2023 se han dado 243 feminicidios, con el agravante de que, de 787 feminicidios procesados solo 246 fueron sentenciados entre 2014 y 2022, los casos de violencia contra las mujeres en el año 2022 alcanzan a 54.235. Son cifras alarmantes y cada vez que se van actualizando, no disminuyen, más bien se acrecientan.

Es una cadena sin fin que tiene muchos eslabones y que son encarados por la autoridad correspondiente, pensando que lo importante y lo que hay que combatir es únicamente el resultado, de cuando ya los hechos de violencia de género se han producido. Ningún gobierno, cualquiera sea el tinte que tenga, han encarado en su solución de manera integral. Como ya es costumbre inveterada, las autoridades se preocupan en los parches y remiendos de aquello que se vuelve público y mientras tenga visos de estar en las redes sociales, después regresamos a considerar, nuevamente, las estadísticas de las prácticas nocivas y de violencia contra la mujer, contra la familia, sin ninguna política integral que, siquiera analice todo el contexto donde se desenvuelve esta ya interminable cadena de violencia de género.

Cada eslabón de esa nociva cadena, debe ser encarado buscando su solución de manera integral. Si analizamos cada eslabón, partamos de los últimos para poder ir viendo como es tan complejo el asunto y como podemos ver un sombrío futuro al paso que estamos yendo. Cuando una víctima de violencia familiar, se presenta ante las autoridades para hacer la denuncia correspondiente, estas manejan el asunto de una manera burocrática, no le dan a la víctima ninguna seguridad desconociendo que ésta hace un sacrificio al denunciar los hechos y ese manejo burocrático aumentan, más bien, las posibilidades de represalias del agresor.

Otro eslabón de esta interminable cadena, es que en la mayoría de las veces la víctima por temor a las represalias no hace la denuncia y sigue sufriendo las consecuencias y muchas veces hasta las va justificando.

Analizando otro eslabón, que es el agresor, vamos a encontrar que éste no tuvo ninguna educación que le muestre que esta con una conducta nociva, en la mayoría de los casos, vienen de hogares en los que la conducta de su progenitor era de violencia contra su madre y de repente hermanas, y no tenia sanción de ninguna clase. Se fue criando en un ambiente donde era natural la violencia contra la mujer, no había sanciones, entonces lo consideraba normal, sufren de manera directa la violencia o son testigos impotentes de los actos de violencia que van generando en muchos de ellos traumas que después generan conductas similares o peores cuando son adultos. Esto ocurre en cualquier nivel de la clase social, ya sea con medios económicos altos o de menores ingresos. No importa, la violencia familiar la consideran dentro de sus parámetros normales y que no va a tener consecuencias negativas de ninguna clase.

Otro de los eslabones que conforman esta nociva cadena, se encuentra en la educación. No existe, y si la hubiera es muy superficial, un énfasis en la educación escolar. No se encaran estos temas mostrando todo lo malo que significa tener este tipo de conductas agresivas.

Es un problema, grave, por cierto, que no se soluciona con sanciones drásticas, debe encararse con políticas de Estado que busquen educar a la persona; la sociedad debe actuar de manera directa y cambiar el esquema de conducta violenta por otro tipo de actitudes y no convertirse en cómplice hipócrita.

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