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8 de agosto de 2023, 4:00 AM
8 de agosto de 2023, 4:00 AM

Vamos a tener que desarrollar la creatividad de manera infinita para salir del intríngulis del Bicentenario, empezando con aceptar la pregunta, ¿qué vamos a celebrar? Vengo ensayando algunas respuestas en la única lógica que conozco, la de conocer el pasado para transformar el futuro.

Creo que la saga de Andrés Ibáñez, el Memorándum de 1904, la creación de mutuales y cooperativas, la Guerra del Chaco, el Plan Bohan, la Revolución Nacional, la Corporación Boliviana de Fomento, la rebeldía cívica por las regalías en la década del 50 y el 10 de octubre de 1982, ofrecen algunas claves para entender esta Bolivia del Bicentenario, tan entrañable, de tantas rupturas y provocaciones.

Gracias a esos caminos vistos en perspectiva, la Marcha al Oriente de entonces, permite que en el siglo XXI no nos ahoguemos en la desesperanza. La migración actual hacia las tierras bajas, tiene las mismas razones necesitando ahora un compromiso con el progreso, la producción, la competitividad para ganar los mercados del continente y de ultramar, como lo proponía el Memorándum.

Puede ayudar también "El ingeniero descalzo", obra de Alfonso Gumucio Dagrón que recoge la vida de su padre, Alfonso Gumucio Reyes. Con un buen manejo de la imagen y de la narrativa, la figura, la palabra y las obras que se realizaron durante la Revolución Nacional, son puestas en contexto. Tengo la sensación que Don Alfonso todavía tiene guardada en algún lugar, algunas fórmulas para entender la Bolivia que él ayudó a construir desde el territorio, y que el oficio periodístico de Moro, está permitiendo desentrañar. Aunque a los gobernantes de las tierras altas le cueste aceptarlo, y en el Oriente de las llanuras y la selva, tengamos todavía dificultad para comprender y asumir el reto a plenitud.

Hablar de Gumucio Reyes, Adolfo Linares, Omar Chávez Ortiz o Melchor Pinto, es recuperar lo que ellos manejaban con tanta destreza, la visión de futuro y la planificación; es la exigencia de complementariedad territorial e integración internacional que nos reflexionan Fernando Calderón Gutiérrez y Gustavo Fernández Saavedra. Es la Bolivia de la Estrategia Nacional de Desarrollo que dirigió José Ortiz Mercado en 1969, junto a Flavio Machicao, Arturo Núñez del Prado, Cucho Saavedra, Roger Ortiz, todos, “para que el mañana no sea una tentación”, como se decía en los tiempos heroicos.

Sin embargo, es también el oficio de las generaciones que vinieron después, en las que están Roly Aguilera, Percy Fernández, Mario Foianini, Oscar Serrate, Fernando Prado, Roberto Jordán, Enrique García, Álvaro Flores, Mario Kisen, Carlos Dabdoub, José Luis Camacho, Chacho Justiniano, Ulrich Reye, Samuel Doria Medina, Mario Cossío, Franz Barrios, Sergio Antelo, José Luis Lupo, Roberto Barbery Anaya, y otros que se multiplicaron en los Comités de Obras Públicas, las Corporaciones Regionales de Desarrollo, los Comité Cívicos, la generación de la Participación Popular, la academia...

Los retos de hoy son los mismos que los de entonces, complejizados por nuevas realidades manifestadas en el abandono de las áreas rurales, el crecimiento de las ciudades, el bono demográfico que exige respuestas para no transformarse en violencia, nuestro limitadísimo mercado interno, la irrupción de la Inteligencia Artificial, los delitos y pecados de la modernidad, el consumismo, la corrupción, la podredumbre de la justicia, el narcotráfico, el cambio climático, la posverdad y la globalización…

Habrá que realizar un cónclave con todos ellos, y los que faltan. El tiempo nos corre pues ya sólo faltan 728 días para llegar al 6 de agosto del 2025.

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