23 de julio de 2021, 5:00 AM
23 de julio de 2021, 5:00 AM

La nueva postergación de la segunda dosis de la vacuna rusa Sputnik V que el gobierno de Bolivia compró a un precio que nadie conoce ya es un escándalo: más allá de las connotaciones políticas, implica un grave riesgo para la salud de los bolivianos que recibieron la primera dosis con la idea de obtener, 21 días después, la segunda. Al ver que no llegaron, dijeron que la segunda dosis se podría aplicar 90 días después y, ante el nuevo incumplimiento, afirman ahora que se la puede tener 180 días después de la primera dosis sin ningún sustento científico que respalde esa arbitrariedad.

El 3 de junio, el ministro de Salud, Jeyson Auza, afirmaba en Sucre: “Queremos ser categóricamente claros: nosotros vamos a garantizar la administración de la segunda dosis de la Sputnik V, esta se va a aplicar, como lo ha establecido la normativa, en el día 90”. Lo que quedó categóricamente claro es que la palabra del ministro es menos confiable que la de los proveedores rusos.

Hoy, viernes 23 de julio, debieron llegar al país 200.000 dosis del segundo componente de la Sputnik V que, como se sabe, es diferente a la primera dosis, pero Rusia incumplió en la entrega por problemas en la producción de su laboratorio Gamaleya, igual que había ocurrido cuando se cumplían los 21 días después de la primera aplicación.

Según un tuit del viceministro de Comercio Exterior, Benjamín Blanco, al país han llegado 1.235.000 primeras dosis de la vacuna rusa y solo 37.000 de la segunda dosis. Esto quiere decir, que 1.198.000 bolivianos que recibieron o están recibiendo en estos días la primera dosis de la Sputnik V quedarán librados a su suerte quién sabe por cuánto tiempo más, antes de recibir la segunda dosis.

En estos días, 200.000 personas que se vacunaron con las vacunas rusas que arribaron el 20 de abril debieran estar recibiendo la segunda dosis. El 15 de agosto, otras 400.000 personas tendrían que estar obteniendo el segundo componente. El 12 de septiembre 100.000 personas y el 9 de octubre 500.000 personas tendrían que recibir la segunda dosis, si se cumpliera el plazo de los 90 días anunciado cuando supieron que no podrían cumplir con la distancia de los 21 días iniciales.

Ante el incumplimiento con la población, algunas autoridades y representantes diplomáticos han salido a tratar de calmar las aguas asegurando que la primera dosis tiene un alto grado de efectividad, como lo hicieron el viceministro Blanco y el embajador de Rusia en Bolivia, Mikhail Ledenev, quienes citan, sin dar mayores detalles, supuestos estudios que asegurarían que la segunda dosis puede esperar 180 días.

Sin embargo, el embajador ruso admite que la razón para el incumplimiento con Bolivia es que Rusia experimenta un aumento de contagios de Covid-19 y que por esa razón Moscú prefiere atender primero la demanda interna antes que enviar las vacunas a otros países como Bolivia.

A esas expresiones contradictorias -porque en Rusia sí se está aplicando la segunda dosis sin esperar 180 días-, el embajador agrega que “algunos estudios” afirman que “cuanto mayor distanciamiento, más fuerza adquiere la segunda aplicación de la vacuna anticovid”. Es decir, algo así como que los bolivianos resultarán más beneficiados que nadie mientras más tiempo esperen a la segunda dosis. Todo un discurso político sin ningún sustento científico.

En estas condiciones, lo mínimo que debiera hacer el Gobierno de Luis Arce es romper el contrato con Rusia por incumplimiento de compromiso, informar al país cuánto costaron las medias vacunas Sputnik V y buscar una solución urgente para el más de un millón de ciudadanos que recibieron una inmunización incompleta.



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