Opinión

Jilakata en calzoncillos

8 de septiembre de 2021, 5:00 AM
8 de septiembre de 2021, 5:00 AM

En tiempos muy lejanos, los habitantes de muchos pueblos aymaras, en el altiplano, tenían nombres de aves. Todos eran aves, cada cual con su propia manera de ser. Comían productos de la tierra y se cubrían el cuerpo con ropas de lana de vicuña, y todo estaba bien.

Entonces ya estaban organizados en ayllus. Cada ayllu era gobernado por un jilakata, que debía ser sabio y prudente, por el bien de la comunidad. Muchas veces sus obligaciones eran tales que ya no le alcanzaba el tiempo para los trabajos de su hogar, los gobernados decidieron apoyar a la familia del jilakata trabajando para él en la chacra o llevándole algunos alimentos.

Según la norma, había rotación de responsabilidades, el cargo de jilakata duraba solo un año, al cabo del cual era elegido otro miembro de la comunidad. Cuentan que en uno de esos ayllus, se sucedieron como autoridades el Mamani o halcón, el Jucu o bhuo, la Ch’useca o lechuza, y la Paca o águila. Después le tocó ser jilakata al Allqamari o Águila-María, para regir los destinos de su ayllu. Y de esta manera, como símbolo de su autoridad, recibió de manos del Jilakata saliente la Vara del Mundo.

A Allqamari le gustaba mucho la comida, sus bocados preferidos eran los ojos y la lengua del ganado. Los habitantes del ayllu, respetuosos de su autoridad, le preparaban diferentes platos y mejor si tenían los ingredientes de ojos y lenguas. Muy cariñosos llegaban a su casa y le ofrecían:

—Jilajata Allqamari, Awatiri Auki (Padre Pastor), estito nomás te lo hemos traído.

Con ese trato él se quedaba contento, gozando y aprovechando de su poder para satisfacer los gustos de su panza. Tanto le encantó esa vida, que imaginó una serie de artimañas -decía que tenía sueños, que la Pachamama le aconsejaba, que las costumbres más antiguas lo prescribían- para prolongar su periodo y mantenerse como jilakata.

Logró mantener esta situación durante algo más de siete años. Al último se volvió despótico, abusivo y gordo. Los habitantes del lugar se cansaron de él y dejaron de llevarle provisiones.

Pero Allqamari estaba acostumbrado a la buena vida y no pensaba cambiar. Para seguir gozando de los ricos platos acostumbrados tuvo que endeudarse y rápidamente fue perdiendo sus pertenencias. Hasta que se hundió en la ruina. Ya no tenía ni para vestirse, llegando a quedarse en calzoncillos.

Por eso ahora el Allqamari tiene como vestimenta un plumaje simple: arriba oscuro y abajo claro. De su cintura a las rodillas, es blanco, y tiene la forma de unos calzoncillos. Figura que nos recuerda las consecuencias del abuso de autoridad.

Manuel Vargas Severiche  - Fuente: Fábulas y Leyendas Aymaras

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